• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

sin demasiados lujos

Chema Ysmer

Poeta que considera el portal su segunda casa
La comida estuvo bien

sin demasiados lujos

a la medida exacta de nuestras ambiciones

con los entrantes precisos

dispuestos sobre la mesa,

sin uvas, pero con queso,

sin golpes que enmascararan

el tiempo en los relojes

no clavados a las horas;

sin detenerse.

No hubo carne,

ningún hueso para atragantarse

en la garganta;

las palabras justas, fluyendo

como el vino transparente y joven

en las copas.

Hubo bocas cerradas pese a todo.

Un pastel de pescado y hojaldre

crujiente;

el hielo al resquebrajarse en primavera

bañó los paladares.

El peso del amor

abrió las cortezas del pan

recién horneado.

No hubo brindis,

Si hubo risas.

Un postre naranja y chocolate

deshizo nuestros platos con su dulce

que no precisaba ver

para saberse vivo.

Hicimos algunas fotos;

El rojo de mi jersey puso la llama

Al objetivo de la cámara.

Me veo retratado

en cada ojo

que desde su ayer

me está observando.

Nos pusimos de pies

después de los turrones

y saltamos algún corcho

que se dejó escapar

en las espumas de un mar,

apenas vacilante,

por nuestros corazones

nunca ajenos,

siempre presentes,

aunque estemos lejos,

lejos,

muy lejos.

 
La comida estuvo bien

sin demasiados lujos

a la medida exacta de nuestras ambiciones

con los entrantes precisos

dispuestos sobre la mesa,

sin uvas, pero con queso,

sin golpes que enmascararan

el tiempo en los relojes

no clavados a las horas;

sin detenerse.

No hubo carne,

ningún hueso para atragantarse

en la garganta;

las palabras justas, fluyendo

como el vino transparente y joven

en las copas.

Hubo bocas cerradas pese a todo.

Un pastel de pescado y hojaldre

crujiente;

el hielo al resquebrajarse en primavera

bañó los paladares.

El peso del amor

abrió las cortezas del pan

recién horneado.

No hubo brindis,

Si hubo risas.

Un postre naranja y chocolate

deshizo nuestros platos con su dulce

que no precisaba ver

para saberse vivo.

Hicimos algunas fotos;

El rojo de mi jersey puso la llama

Al objetivo de la cámara.

Me veo retratado

en cada ojo

que desde su ayer

me está observando.

Nos pusimos de pies

después de los turrones

y saltamos algún corcho

que se dejó escapar

en las espumas de un mar,

apenas vacilante,

por nuestros corazones

nunca ajenos,

siempre presentes,

aunque estemos lejos,

lejos,

muy lejos.

Aun en esa lejanicia desprender momentos abluciones sinceras para una realidad
tan necesaria como acorde con los momentos. me gustó.
saludos amables de luzyabsenta.
 
La comida estuvo bien

sin demasiados lujos

a la medida exacta de nuestras ambiciones

con los entrantes precisos

dispuestos sobre la mesa,

sin uvas, pero con queso,

sin golpes que enmascararan

el tiempo en los relojes

no clavados a las horas;

sin detenerse.

No hubo carne,

ningún hueso para atragantarse

en la garganta;

las palabras justas, fluyendo

como el vino transparente y joven

en las copas.

Hubo bocas cerradas pese a todo.

Un pastel de pescado y hojaldre

crujiente;

el hielo al resquebrajarse en primavera

bañó los paladares.

El peso del amor

abrió las cortezas del pan

recién horneado.

No hubo brindis,

Si hubo risas.

Un postre naranja y chocolate

deshizo nuestros platos con su dulce

que no precisaba ver

para saberse vivo.

Hicimos algunas fotos;

El rojo de mi jersey puso la llama

Al objetivo de la cámara.

Me veo retratado

en cada ojo

que desde su ayer

me está observando.

Nos pusimos de pies

después de los turrones

y saltamos algún corcho

que se dejó escapar

en las espumas de un mar,

apenas vacilante,

por nuestros corazones

nunca ajenos,

siempre presentes,

aunque estemos lejos,

lejos,

muy lejos.

Y, sin embargo, se huele toda esa cercanía. Un abrazo, Chema.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba