Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vagones que no miran
discurren quejumbrosos
por raíles sin sueño,
son pocos
los que caminan enfrentados
con las espaldas descubiertas,
cabezas de avestruz
hacen huecos al miedo,
la tierra está repleta de agujeros.
A una hora exacta el convoy se detiene,
creo que he perdido zapatos
en estaciones sin luces,
deambulo, sin dejar huella
en el asfalto descarnado,
el silencio se siente
repetidamente
boomerang que vuelve
a la mano que lo lanza.
Hay nubes
apunto de derramar pecados
sobre alfombras sin flores,
sólo las alcantarillas
sabrán agradecer
la descarga de litros
de ansiedad acumulada,
no tengo que perdonar
ni pedir perdón a nadie
nadie escucha,
los nidos de las golondrinas
se llenaron de barro,
no es difícil entrar
más salir es otra cosa,
nadie escucha el reclamo
de periódicos impresos
las páginas se apagan
como fósforos sin llama,
cuando llego a mi trabajo
llamo a puertas sin necesidad,
abierta es la costumbre
de los que mueren sin causa
las causas de la muerte
nos son aún desconocidas,
desconozco al camarero
que me sirve el café frío
las campanadas de un reloj
darán la hora inexistente
veo como pasan por la calle
jaurías de perros sin rostro.