poetakabik
Poeta veterano en el portal
Sin duda cada día
el sol se convulsiona
para dar su saludo al horizonte,
Sin duda cada día
los besos de la luna
acunan su llegada,
En ese prado azul engalanado
de plañideras blancas,
en esa cavidad en lentecida que
que rebosante llega,
En ese pedestal donde la aurora
prende cada mañana,
diluyendo el rocío
inequívocamente,
en los balcones altos y las ventanas quietas,
en las esquinas pardas donde los pies descalzos
dejan sus huellas blancas,
En el atril dorado de las lecturas magnas,
en los silencios mudos
en las altas almenas,
En las torres del tiempo
de los momentos muertos,
En esos panteones de calaveras frías,
En esa llamarada de la mirada aquella
donde tus ojos quietos llenaron a la mía,
Sin duda cada día
el sol se convulsiona
para dar su saludo al horizonte,
Sin duda cada día
los besos de la luna
le saludan.
el sol se convulsiona
para dar su saludo al horizonte,
Sin duda cada día
los besos de la luna
acunan su llegada,
En ese prado azul engalanado
de plañideras blancas,
en esa cavidad en lentecida que
que rebosante llega,
En ese pedestal donde la aurora
prende cada mañana,
diluyendo el rocío
inequívocamente,
en los balcones altos y las ventanas quietas,
en las esquinas pardas donde los pies descalzos
dejan sus huellas blancas,
En el atril dorado de las lecturas magnas,
en los silencios mudos
en las altas almenas,
En las torres del tiempo
de los momentos muertos,
En esos panteones de calaveras frías,
En esa llamarada de la mirada aquella
donde tus ojos quietos llenaron a la mía,
Sin duda cada día
el sol se convulsiona
para dar su saludo al horizonte,
Sin duda cada día
los besos de la luna
le saludan.