Rosa Alonso de la Fuente
Poeta recién llegado
Atraída por arte que conmueve,
la mano temblorosa te acaricia,
entrelazando de una forma leve,
fina, un hermoso cuadro a mi primicia;
así podrán, si quieren, al mirar,
gozar con el placer de su delicia.
Refundido en tu cuerpo y mi cantar
Don Alejandro Dumas, padre, afable
y sonriente, podría incluso hablar.
Con la mirada limpia e impecable,
alegre, especialmente cristalina,
llega a mi alma quedando inolvidable.
Sus ojos color verde calamina
me extasían, embriagan, apasionan,
provocando el ensanche en la retina.
Sus labios carnosos que no abandonan
y superabundante hilaridad
a mí, me alteran, turban y emocionan.
Como escritor, mantuvo honestidad
al dejarnos sus libros tan galante,
en vida, y sin faltar a la verdad
escrito dejo yo, que fue ¡brillante!
la mano temblorosa te acaricia,
entrelazando de una forma leve,
fina, un hermoso cuadro a mi primicia;
así podrán, si quieren, al mirar,
gozar con el placer de su delicia.
Refundido en tu cuerpo y mi cantar
Don Alejandro Dumas, padre, afable
y sonriente, podría incluso hablar.
Con la mirada limpia e impecable,
alegre, especialmente cristalina,
llega a mi alma quedando inolvidable.
Sus ojos color verde calamina
me extasían, embriagan, apasionan,
provocando el ensanche en la retina.
Sus labios carnosos que no abandonan
y superabundante hilaridad
a mí, me alteran, turban y emocionan.
Como escritor, mantuvo honestidad
al dejarnos sus libros tan galante,
en vida, y sin faltar a la verdad
escrito dejo yo, que fue ¡brillante!