danie
solo un pensamiento...
Amar es divino hasta que la muerte
cubre con su manto el cielo anhelado,
ángel oscuro de un duelo
que con sus alas arropa la partida del ser amado,
que trae morriña y congoja a este cuerpo demudado
Tanto alabé tu amor
para que fuera extirpado,
tanto defendí este tálamo nupcial
para que ahora sea postrado
en los arpegios de las sombras de los tiranos.
Con tu último beso sellaste en mí
el candado del afecto
y así dejaste mi alma a la deriva
del roce de ese reo adiós perplejo.
Tanto te amé ese día donde la muerte
te bautizó con su fe,
te contuvo con sus manos
y te llevo lejos de este mundano suelo.
Me confesé ante el hado de su desnudez,
le supliqué por tus besos,
por tus nanas abrigando mi lecho,
por tu pálido semblante para custodiarlo eterno.
La muerte, la viuda negra que con desprecio
despojó al mundo de tu mera belleza,
se negó a oír mis ruegos y con su iracunda hoz
cercenó la esperanza del recóndito amor efebo.
Ahora, estoy solo de nuevo
como cuando nací, en sombras y sin credos
cubre con su manto el cielo anhelado,
ángel oscuro de un duelo
que con sus alas arropa la partida del ser amado,
que trae morriña y congoja a este cuerpo demudado
Tanto alabé tu amor
para que fuera extirpado,
tanto defendí este tálamo nupcial
para que ahora sea postrado
en los arpegios de las sombras de los tiranos.
Con tu último beso sellaste en mí
el candado del afecto
y así dejaste mi alma a la deriva
del roce de ese reo adiós perplejo.
Tanto te amé ese día donde la muerte
te bautizó con su fe,
te contuvo con sus manos
y te llevo lejos de este mundano suelo.
Me confesé ante el hado de su desnudez,
le supliqué por tus besos,
por tus nanas abrigando mi lecho,
por tu pálido semblante para custodiarlo eterno.
La muerte, la viuda negra que con desprecio
despojó al mundo de tu mera belleza,
se negó a oír mis ruegos y con su iracunda hoz
cercenó la esperanza del recóndito amor efebo.
Ahora, estoy solo de nuevo
como cuando nací, en sombras y sin credos