El puño toma mi mano
por las calles de clemencia
y la lleva sin licencia
a gritar este ahogo, en verso.
Va grabando en las paredes
voz de noche solitaria,
cual murmullo de plegaria
que se diluye en lo incierto.
Nace un ruego que se prende
cual la flor a enredadera
que cae y muere en la vereda,
y sin piedad, lleva el viento.
Mas, si el acaso, por ahí,
la detiene en una esquina,
del farol la luz mezquina
hará que el cielo la vea.
por las calles de clemencia
y la lleva sin licencia
a gritar este ahogo, en verso.
Va grabando en las paredes
voz de noche solitaria,
cual murmullo de plegaria
que se diluye en lo incierto.
Nace un ruego que se prende
cual la flor a enredadera
que cae y muere en la vereda,
y sin piedad, lleva el viento.
Mas, si el acaso, por ahí,
la detiene en una esquina,
del farol la luz mezquina
hará que el cielo la vea.
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