Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te di tantas palabras que ahora que te fuiste
ya no sé cómo hablar con el mundo;
mi mundo era el nuestro.
No me extraña que ésta tierra de todos
no me entienda ni yo a ella;
estuvimos mucho tiempo incomunicados.
Yo dependía de nuestro amor y de vos;
caminaba por la vida sin más necesidad
que tu compañía, compañera.
Prendado de tu anhelo de “envejecer juntos”,
sin importarme el ocaso venidero, por el regocijo
de vivirlo entre ambos, iba por la vida indiferente
y sin más refugio que nuestros cuerpos dedicados
y nuestra dicha de madurar día a día el interés
de nuestras miradas y caricias, y, por supuesto,
hasta hace un tiempo, nuestro criterio afín.
Pero por decisión tuya y conformidad mía,
hoy nos despedimos, y como dije,
me topé de golpe con un planeta desconocido
para el que no tengo palabras ni él para mí.
Si tuviera al menos las de amor…
Pero no puedo reclamártelas, porque en mí,
la palabra dada siempre fue ley y código
y porque lo que se da no se quita y porque
algún día, al envejecer distantes,
las podrías necesitar.
Por mi parte, de aquí en más,
veré cómo me entiendo con el mundo.
ya no sé cómo hablar con el mundo;
mi mundo era el nuestro.
No me extraña que ésta tierra de todos
no me entienda ni yo a ella;
estuvimos mucho tiempo incomunicados.
Yo dependía de nuestro amor y de vos;
caminaba por la vida sin más necesidad
que tu compañía, compañera.
Prendado de tu anhelo de “envejecer juntos”,
sin importarme el ocaso venidero, por el regocijo
de vivirlo entre ambos, iba por la vida indiferente
y sin más refugio que nuestros cuerpos dedicados
y nuestra dicha de madurar día a día el interés
de nuestras miradas y caricias, y, por supuesto,
hasta hace un tiempo, nuestro criterio afín.
Pero por decisión tuya y conformidad mía,
hoy nos despedimos, y como dije,
me topé de golpe con un planeta desconocido
para el que no tengo palabras ni él para mí.
Si tuviera al menos las de amor…
Pero no puedo reclamártelas, porque en mí,
la palabra dada siempre fue ley y código
y porque lo que se da no se quita y porque
algún día, al envejecer distantes,
las podrías necesitar.
Por mi parte, de aquí en más,
veré cómo me entiendo con el mundo.
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