BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
En qué nombre cifrarte,
qué usurera austeridad
invocar en tu presencia,
dónde, en qué inmenso caudal,
de raíces serpentinas lleno,
de ocasos crepusculares, inmerso;
de qué ríos natalicios en el aire
suspendido, hoy, te convoco y proyecto?
No sé si es este el aire, en verdad;
ni la piedra dormida que adolece de todo,
ni el asterisco forzado, ni la sombra
acumulada en los lados del precipicio;
ni los órganos sexuales estrellados contra
el universo finito; ni sé si es este
el aire adormecido como brisa o paisaje.
Oh fructífera carne, maravillosa criatura!
Sangre desgajada de su sitial estupendo.
Bolsa de corales enternecidos por el sueño.
Lagarto de infinitos ojos hipnóticos.
Oh fidelidad a la tierra, cómo asombras
a los pájaros que huyen de sus nidos!
Las alondras magnéticas, que fingen
celos de las almenas, de las torres eléctricas,
de los guasones árboles escondidos.
Cómo me asombras, ejército innumerable,
algo que nombro y nunca sitúo, algo que escondo
y la brisa ya se lo lleva. Mapa, de sortilegio
inaudito. Yo sé que corre la brisa. Que el aire
todo lo puede. Que el corazón es una masa olvidadiza.
II-.
Corre el viento que todo lo puede.
Corre verdaderamente lejos, al fin.
Corren las hierbas apelmazadas y sus hilachos
convertidos. Corren los manantiales y sus arroyos.
La naturaleza, el mar, todo eso, corre y se define.
Declinan sus asuntos. Mas, qué será
del hombre,
ese hombre efectivamente delicado, que busca
su afán, desesperado, entre la tierra y por la tierra?
Hago números, estropeo cábalas. Estoy loco.
Pues corro lejos del viento, y en él, detengo mi carrera
enardecida. Su humedad me pertenece, su latido.
Su pecho de inmensas raíces sepultadas. Su cobrizo
maridaje con mar y nubes. Lo que tira de las manos
y me lo ofrece, también.
III-.
Oh, cómo tiras las manos de otros
a mi propia aventura terrestre, aventurero,
el máximo. Cómo abrigas desoladas
canciones, gélidos anillos, magmas insoportables.
Y cómo me asombra todavía tenerte entre mis amigos.
Ahora, que al fin, conquisté a todas mis enemigas.
©
qué usurera austeridad
invocar en tu presencia,
dónde, en qué inmenso caudal,
de raíces serpentinas lleno,
de ocasos crepusculares, inmerso;
de qué ríos natalicios en el aire
suspendido, hoy, te convoco y proyecto?
No sé si es este el aire, en verdad;
ni la piedra dormida que adolece de todo,
ni el asterisco forzado, ni la sombra
acumulada en los lados del precipicio;
ni los órganos sexuales estrellados contra
el universo finito; ni sé si es este
el aire adormecido como brisa o paisaje.
Oh fructífera carne, maravillosa criatura!
Sangre desgajada de su sitial estupendo.
Bolsa de corales enternecidos por el sueño.
Lagarto de infinitos ojos hipnóticos.
Oh fidelidad a la tierra, cómo asombras
a los pájaros que huyen de sus nidos!
Las alondras magnéticas, que fingen
celos de las almenas, de las torres eléctricas,
de los guasones árboles escondidos.
Cómo me asombras, ejército innumerable,
algo que nombro y nunca sitúo, algo que escondo
y la brisa ya se lo lleva. Mapa, de sortilegio
inaudito. Yo sé que corre la brisa. Que el aire
todo lo puede. Que el corazón es una masa olvidadiza.
II-.
Corre el viento que todo lo puede.
Corre verdaderamente lejos, al fin.
Corren las hierbas apelmazadas y sus hilachos
convertidos. Corren los manantiales y sus arroyos.
La naturaleza, el mar, todo eso, corre y se define.
Declinan sus asuntos. Mas, qué será
del hombre,
ese hombre efectivamente delicado, que busca
su afán, desesperado, entre la tierra y por la tierra?
Hago números, estropeo cábalas. Estoy loco.
Pues corro lejos del viento, y en él, detengo mi carrera
enardecida. Su humedad me pertenece, su latido.
Su pecho de inmensas raíces sepultadas. Su cobrizo
maridaje con mar y nubes. Lo que tira de las manos
y me lo ofrece, también.
III-.
Oh, cómo tiras las manos de otros
a mi propia aventura terrestre, aventurero,
el máximo. Cómo abrigas desoladas
canciones, gélidos anillos, magmas insoportables.
Y cómo me asombra todavía tenerte entre mis amigos.
Ahora, que al fin, conquisté a todas mis enemigas.
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