ivoralgor
Poeta fiel al portal
Revolucionar las imágenes que dejaste en mi pecho: es lo que hago siempre. La serie de imágenes que se destapan en las fauces del recuerdo no son tenues, son vivas de un carmín enamorado, de ungüentos sutiles, de soles despiadados y lunas enardecidas por un eclipse sublingual. Recuerdo los matices sepias de tu sonrisa en mi cámara fotográfica, - la que siempre llevo cuando salgo de viaje-, esa que me acompaña siempre. Hoy volví a ver esa sonrisa en tu rostro, el sepia del recuerdo cuando acariciabas el umbral de mi hombría, cuando se esculpía el te amo en tu pubis y en el llanto.
¿Sabes? He coleccionado el color de tus ojos en la cámara fotográfica, en los efectos de luz automáticos que se descargan al pulsar el flash, en la funda roída que me regalara el abuelo Chucho y que fue herencia postergada de la tatarabuela Úrsula. Escribí algunas líneas en un papel, que igual está en la funda, que versa una canción que escuché en la radio carcomida de mi papá, - ¿recuerdas que se llama Luis? -, esa misma que me recuerda tus ojos llenos de silencio, de un amor ígneo, de los anhelos que tuvimos, del mar de emociones que latían en un corazón compartido, tantas cosas a la vez.
Ayer estuve a unos milímetros de gritar tu nombre en una asamblea de diseño fotográfico, se me estaba escapando de las manos cuando revisé en la cámara tu foto, - la de blanco y negro , que me pareció que me guiñaba el ojo derecho. Se agolparon esas imágenes que intento revolucionar en un exposición fotográfica compartida, las únicas que están floreciendo en la lente de mi cámara, - recuerdo que serías mi modelo algún día, eso me dijiste sin vacilar -, mismas que dicen mucho de ti y poco de mí. Hay una en especial que titulé Te amo sin pensar; le puse ese nombre casi sin titubear, es un claroscuro de un vientre con 8 meses de gestación y agregué, digitalmente, mi propia mano, - fue todo un proceso para tomarme la foto de la mano, pero fue divertido. Dude en ponerle alguna inscripción, sería malograr el efecto que quería - recordarte.
No te pediré que asistas a la exposición porque en tu casa, - espero que aún vivas en la misma dirección -, te llegará un estudio que hice para regalarte; son las mismas fotos que se expondrán y algunas otras que sé te harán sonreír , este escrito estará traspapelado con las fotos y los negativos del estudio. Dejaran en la verja un ramo de flores variopintas, de aromas tenues, dulces, y mi alma depositada en los aromas y en las minúsculas fibras de cada flor.
Hace frío ahora y sé que brilla un cálido sol en tus ojos. La cámara fotográfica está lista para acompañarme de nuevo y tu mirada igual.
¿Sabes? He coleccionado el color de tus ojos en la cámara fotográfica, en los efectos de luz automáticos que se descargan al pulsar el flash, en la funda roída que me regalara el abuelo Chucho y que fue herencia postergada de la tatarabuela Úrsula. Escribí algunas líneas en un papel, que igual está en la funda, que versa una canción que escuché en la radio carcomida de mi papá, - ¿recuerdas que se llama Luis? -, esa misma que me recuerda tus ojos llenos de silencio, de un amor ígneo, de los anhelos que tuvimos, del mar de emociones que latían en un corazón compartido, tantas cosas a la vez.
Ayer estuve a unos milímetros de gritar tu nombre en una asamblea de diseño fotográfico, se me estaba escapando de las manos cuando revisé en la cámara tu foto, - la de blanco y negro , que me pareció que me guiñaba el ojo derecho. Se agolparon esas imágenes que intento revolucionar en un exposición fotográfica compartida, las únicas que están floreciendo en la lente de mi cámara, - recuerdo que serías mi modelo algún día, eso me dijiste sin vacilar -, mismas que dicen mucho de ti y poco de mí. Hay una en especial que titulé Te amo sin pensar; le puse ese nombre casi sin titubear, es un claroscuro de un vientre con 8 meses de gestación y agregué, digitalmente, mi propia mano, - fue todo un proceso para tomarme la foto de la mano, pero fue divertido. Dude en ponerle alguna inscripción, sería malograr el efecto que quería - recordarte.
No te pediré que asistas a la exposición porque en tu casa, - espero que aún vivas en la misma dirección -, te llegará un estudio que hice para regalarte; son las mismas fotos que se expondrán y algunas otras que sé te harán sonreír , este escrito estará traspapelado con las fotos y los negativos del estudio. Dejaran en la verja un ramo de flores variopintas, de aromas tenues, dulces, y mi alma depositada en los aromas y en las minúsculas fibras de cada flor.
Hace frío ahora y sé que brilla un cálido sol en tus ojos. La cámara fotográfica está lista para acompañarme de nuevo y tu mirada igual.