Acribillado,en el anverso infernal de la máscara infecunda de mi negra alma,por los pedruscos llameantes que lanza rocambolesco el dios de los míseros harapos coagulados en sangre de blasfema virgen,me debato como un loco furioso de crónico manicomio de escarcha y salitre venenosos.Mi cuerpo,convulso,comienza a desintegrarse,para eternal horror,en el horizonte de una locura que hace oídos sordos a mis hipócritas oraciones manchadas con la herrumbre digital que dejó en la vereda maldita,la cohorte aberrante de cientos de cadáveres;vueltos a la artificial vida por un pase mágico de las manos lacerantes de Satanás.Entonces,imbuido hasta el colmo del pálido hastío,me arrojo en el vacío desalojado de todo perfume angelical para,así,condenarme de una vez por todas en la penumbra del insano incesto.
Última edición: