poetakabik
Poeta veterano en el portal
En el eterno presente en que vivimos
el horizonte lejano,
vestido por la espiral de fuego
que precede al atardecer,
dibuja informes figuras
que se recrean en mi imaginación,
y se convierten de pronto,
en un sin fin de melodías
que acunan el efímero ocaso
de esas parcelas temporales,
que transcurren implacables
hacia la eterna frontera del mañana,
se nos pasa la vida,
se nos pasa y se va
tan y sin darnos cuenta
el tiempo nos relega en el recuerdo,
y es sentir a su paso la angustia del estar,
más deseosos de que vuelva el ayer
que no del esperar por un mañana.
La temporal distancia del recuerdo
nos duele cada vez al regresarnos,
cogidos de la mano de los días
huyendo hacia la noche del pasado,
el vértigo mortal que nos obliga
a lanzarnos desnudos al vacío,
a nadar en las aguas de la mente
y a correr desenfreno y desvarío.
Hastiados de pensar en quienes somos
nos va corriendo el tiempo entre los dedos,
volando, sin saber a donde vamos.
el horizonte lejano,
vestido por la espiral de fuego
que precede al atardecer,
dibuja informes figuras
que se recrean en mi imaginación,
y se convierten de pronto,
en un sin fin de melodías
que acunan el efímero ocaso
de esas parcelas temporales,
que transcurren implacables
hacia la eterna frontera del mañana,
se nos pasa la vida,
se nos pasa y se va
tan y sin darnos cuenta
el tiempo nos relega en el recuerdo,
y es sentir a su paso la angustia del estar,
más deseosos de que vuelva el ayer
que no del esperar por un mañana.
La temporal distancia del recuerdo
nos duele cada vez al regresarnos,
cogidos de la mano de los días
huyendo hacia la noche del pasado,
el vértigo mortal que nos obliga
a lanzarnos desnudos al vacío,
a nadar en las aguas de la mente
y a correr desenfreno y desvarío.
Hastiados de pensar en quienes somos
nos va corriendo el tiempo entre los dedos,
volando, sin saber a donde vamos.
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