Sin sueño, sin dolor, sin noche ardiente,
sin mar y sin estrellas, me despierto
y vuelvo a ser el descarnado muerto
nacido de una tumba transparente.
Tan solo yo, cadáver maloliente,
podré admirar las nieves del desierto.
Y antes que acuda el huracán incierto
me sumiré en su lecho decadente.
Jamás tendré, jamás, manos de escarcha,
ni el jazmín o el sabor de los juglares.
Jamás seré, jamás yo, jamás hombre.
Desayunando amargos los pesares
saldré a vivir. Mañana ya se marcha
y ni siquiera encuentro quién me asombre.
sin mar y sin estrellas, me despierto
y vuelvo a ser el descarnado muerto
nacido de una tumba transparente.
Tan solo yo, cadáver maloliente,
podré admirar las nieves del desierto.
Y antes que acuda el huracán incierto
me sumiré en su lecho decadente.
Jamás tendré, jamás, manos de escarcha,
ni el jazmín o el sabor de los juglares.
Jamás seré, jamás yo, jamás hombre.
Desayunando amargos los pesares
saldré a vivir. Mañana ya se marcha
y ni siquiera encuentro quién me asombre.