BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
De esta terrible soledad,
de esta soledad intacta,
que comunican los huesos,
osarios putrefactos, nativos
huecos, esencias diseminadas
que el aire alcanza en su falo enérgico:
te llevo, en la risa, en la vida, en el músculo
impetuoso; en la mezcla de amor y odio.
Sólo pronuncio tu nombre, osamenta líquida,
desvarío soñoliento, piel de membrillo unánime
y agua nítida, clara, calor de nieve.
Roca pálida, esencia dispersa, ombligo central
del universo.
Y me preguntaste por qué sufro. Tú, dueña
de cien siglos de palabras, de cien trigos candeales.
En tu mano, había una rosa, ¿recuerdas? y cañaverales
y arbitrios y designios opacos.
Y no sufro, no. Ya, no sufro.©
de esta soledad intacta,
que comunican los huesos,
osarios putrefactos, nativos
huecos, esencias diseminadas
que el aire alcanza en su falo enérgico:
te llevo, en la risa, en la vida, en el músculo
impetuoso; en la mezcla de amor y odio.
Sólo pronuncio tu nombre, osamenta líquida,
desvarío soñoliento, piel de membrillo unánime
y agua nítida, clara, calor de nieve.
Roca pálida, esencia dispersa, ombligo central
del universo.
Y me preguntaste por qué sufro. Tú, dueña
de cien siglos de palabras, de cien trigos candeales.
En tu mano, había una rosa, ¿recuerdas? y cañaverales
y arbitrios y designios opacos.
Y no sufro, no. Ya, no sufro.©