Sin ti no hay nada que darme. Décimas.

Maktú

Poeta que considera el portal su segunda casa
Te animo a venir conmigo

al verde de mi esperanza,

al cielo donde se alcanza

lo que con amor te digo.

Donde a versos me bendigo

siete veces por semana,

más allá de esta ventana

que acristala mis visiones,

más allá de restricciones

y de duda chabacana.


Te quiero bañada en brisa

sin bridas para el refreno,

respetada por el cieno

y feliz de dar sonrisa.

Empaparme la camisa

con el cariño más tuyo

por el cual me restituyo

-hombre nuevo y consecuente-

ya que sólo soy viviente

en el candor de tu arrullo.


Te animo a darte certera

al claro de mi costado,

al sueño que vive alado

cuando vuelo, compañera.

Ya ves, sigo a la quimera

que me sirve de alimento

y que al darla de sustento

me libera y te enaltece

porque en ti su aliento crece

y se afianza el sentimiento.


Te quiero donde yo mismo

me siento tuyo, señora,

en el quicio de la aurora

y en el son de mi lirismo.

De tu mano ni el Abismo

puede torvo despeñarme

ni el siroco sofocarme

si temible llega ardiente.

Te animo, mujer, candente,

para en tu luz encontrarme.


Sin ti no hay nada que darme.
 

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