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Sin ti, reproducción automática

Ricardo López Castro

*Deuteronómico*
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Los ecuánimes votos, silencio de tu voz,
se sumergen en naves construidas con gargantas,
síntesis de la antigua teoría del lenguaje,
resultan tan intrínsecas como un papel de espejos.
En lo que tus reflejos se prolongan
me amputaron los brazos.
Bañados por el sol más nebuloso,
no escapamos del ovni. Nos abduce una dimensión fantasma.
En ella, confinados, nos miden la verdad,
la invención de tu nombre,
y venimos del sitio adonde vamos.

Los orígenes instan al cementerio, alud
de luces donde el grito trepa hasta vaciarse de hielo.

En las lápidas, labios de poetas,
y las lenguas de fuego del destino,
cuerpos contrarreloj y la tierra gravita,
quizá segregación de las teorías,
invirtiendo el amor, deformando su vida,
incluso cuando el hombre se retuerce
en lágrimas de acero, márgenes y sangrías.

Guantes de lycra o látex, limpian esta vajilla
de comensales, cosmonautas,
mientras el libro antiguo, el aquelarre,
desdibuja leyendas.

El elefante herido abandona a sus hijos,
cuando no reconozco lo obscuro de tus párpados.

Fieras dentro de mí, asoman sus colmillos,
hasta que mi poesía se transforma
en la boca sin agua, en la cueva sin pisos
que ocupa mi escritorio.

La salamandra quiere penetrar en la piedra,
yo me arrastro por donde no se ve el tiempo.
 
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Los ecuánimes votos, silencio de tu voz,
se sumergen en naves construidas con gargantas,
síntesis de la antigua teoría del lenguaje,
resultan tan intrínsecas como un papel de espejos.
En lo que tus reflejos se prolongan
me amputaron los brazos.
Bañados por el sol más nebuloso,
no escapamos del ovni. Nos abduce una dimensión fantasma.
En ella, confinados, nos miden la verdad,
la invención de tu nombre,
y venimos del sitio adonde vamos.

Los orígenes instan al cementerio, alud
de luces donde el grito trepa hasta vaciarse de hielo.

En las lápidas, labios de poetas,
y las lenguas de fuego del destino,
cuerpos contrarreloj y la tierra gravita,
quizá segregación de las teorías,
invirtiendo el amor, deformando su vida,
incluso cuando el hombre se retuerce
en lágrimas de acero, márgenes y sangrías.

Guantes de lycra o látex, limpian esta vajilla
de comensales, cosmonautas,
mientras el libro antiguo, el aquelarre,
desdibuja leyendas.

El elefante herido abandona a sus hijos,
cuando no reconozco lo obscuro de tus párpados.

Fieras dentro de mí, asoman sus colmillos,
hasta que mi poesía se transforma
en la boca sin agua, en la cueva sin pisos
que ocupa mi escritorio.

La salamandra quiere penetrar en la piedra,
yo me arrastro por donde no se ve el tiempo.
Tregua en esos stallos que van espaciando como un estatismo que se
transforma, las imagenes como protegiendo los cuerdos en ese limite
donde el tiempo esta como perdido. excelente. saludos amables de
luzyabsenta
 

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