Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
El limpido cristal del alma
abre el pecho y me deja ver,
la estrella triste de tu ser,
en medio de un desierto en calma.
Pobreza, desolación, penas,
tres parcas guiando tus rumbos;
tus vidas, tus mentes, tus tumbos,
y el verbo que corre en tus venas.
Corazón noble que al llorar,
derrama lágrimas de sangre.
Anuda en espina y estangre,
tus verdes ansias de volar!
Cerco del tiempo que aprisiona
versos de amor en pergaminos.
Diario de ensueños peregrinos
que a tu verdad desilusiona.
Oh, tan profunda la amargura
en ti que diste hasta el dolor;
en ti que por novel amor,
te has desterrado a la locura!
Mujer de luz que vas doliente,
por el negro lar de la sombra:
despierta! mi anhelo te nombra
y te abraza en su fuego ardiente!
Ven y destruye esas cadenas,
que te asfixian y te desgarran;
ven, que ya los dioses amarran
lamentaciones y condenas.
Renace y vuela tras la huella
que el inuendo no desmerece.
Se árbol gris que reverdece,
se como la voz de la estrella:
Lumínica, azul, preciosa;
mística, vibrante, cimera;
Se cual campiña en primavera:
espiritual, verde, gloriosa!
abre el pecho y me deja ver,
la estrella triste de tu ser,
en medio de un desierto en calma.
Pobreza, desolación, penas,
tres parcas guiando tus rumbos;
tus vidas, tus mentes, tus tumbos,
y el verbo que corre en tus venas.
Corazón noble que al llorar,
derrama lágrimas de sangre.
Anuda en espina y estangre,
tus verdes ansias de volar!
Cerco del tiempo que aprisiona
versos de amor en pergaminos.
Diario de ensueños peregrinos
que a tu verdad desilusiona.
Oh, tan profunda la amargura
en ti que diste hasta el dolor;
en ti que por novel amor,
te has desterrado a la locura!
Mujer de luz que vas doliente,
por el negro lar de la sombra:
despierta! mi anhelo te nombra
y te abraza en su fuego ardiente!
Ven y destruye esas cadenas,
que te asfixian y te desgarran;
ven, que ya los dioses amarran
lamentaciones y condenas.
Renace y vuela tras la huella
que el inuendo no desmerece.
Se árbol gris que reverdece,
se como la voz de la estrella:
Lumínica, azul, preciosa;
mística, vibrante, cimera;
Se cual campiña en primavera:
espiritual, verde, gloriosa!