Sin titulo II

cesar curiel

Poeta que considera el portal su segunda casa
Dejé que la sangre corriera por las mejillas
y mi cara; cuando el cielo oscuro cubría
mi madurez temprana.

La infancia fue de dicha, juegos dentro y fuera
de la casa, el tronco del árbol triste
soltaba sus hojas color esmeralda, turquesas y rimas
al aire volaban.

Aquella primavera… pronto se fue a la plaza
vestida de blanco subido, con barba y corbata;
pantalones largos, un morral de huichól a la espalda
y un arsenal de versos escritos con horchata,
odas al viento, amores de la distancia.

El jardín se volvió leyenda,
aquel amigo que por las tardes, cómplice me disfrazaba
entre sus ramas y huecos, el verano acababa,
…y yo, sentado a la orilla de una cancha,
viendo pasar los años, recordando a mi amada.

Palomas volaban al centro de una quimera larga
con dos torres iguales, un campanario sonaba
cuando siendo las doce, mi vida… apenas llegaba.

La juventud se fue de pronto, cual si fuese agua
bebiendo de un golpe mi vida, una daga me asechaba
clavada en mi pecho estaba, y gimiendo por la sangre derramada.

Hoy recuerdo esos tiempos, con melancolía inigualada,
sintiendo los vientos del norte, como golpean mi cara,
llorando mi tierra por dentro, de esa dicha inmaculada.
 
Dejé que la sangre corriera por las mejillas
y mi cara; cuando el cielo oscuro cubría
mi madurez temprana.

La infancia fue de dicha, juegos dentro y fuera
de la casa, el tronco del árbol triste
soltaba sus hojas color esmeralda, turquesas y rimas
al aire volaban.

Aquella primavera… pronto se fue a la plaza
vestida de blanco subido, con barba y corbata;
pantalones largos, un morral de huichól a la espalda
y un arsenal de versos escritos con horchata,
odas al viento, amores de la distancia.

El jardín se volvió leyenda,
aquel amigo que por las tardes, cómplice me disfrazaba
entre sus ramas y huecos, el verano acababa,
…y yo, sentado a la orilla de una cancha,
viendo pasar los años, recordando a mi amada.

Palomas volaban al centro de una quimera larga
con dos torres iguales, un campanario sonaba
cuando siendo las doce, mi vida… apenas llegaba.

La juventud se fue de pronto, cual si fuese agua
bebiendo de un golpe mi vida, una daga me asechaba
clavada en mi pecho estaba, y gimiendo por la sangre derramada.

Hoy recuerdo esos tiempos, con melancolía inigualada,
sintiendo los vientos del norte, como golpean mi cara,
llorando mi tierra por dentro, de esa dicha inmaculada.
Hola César, aqui los recuerdos te están golpeando, pero que bonito narras todo ese caminar por la vida, tan rica que es la horchata y más si la tomas a la orilla de la cancha. Ponle título a tus poemas paisano... grato leerte. Saludos y estrellas
¡SONRIE
 
Hola mi amiga, gracias por tu comentario. El no ponerle titulo al poema es parte del plan, despues te lo explico, solo te digo que tengo cerca de 60 poemas sin titulo y todo es para un mismo proposito. Saludos.
 

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