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Por las ventanas de mi alma se fueron descalzos aquellos besos
se fue la esperanza y el temor al miedo.
¿O será que me he vuelto ingrato esta madrugada?
Tan agrio como el hombre que se murió sin sexo.
Por la misma herida se me escapa moribundo aquel recuerdo
y la sangre cae al suelo como al vacío los pétalos;
amor sin retoño que te vas y no vuelves,
¡Ay! dolor tan cicatrizado que se escondió en el nervio.
Y voy taladrando al cuerpo con mis nueve dedos
por ver si en la angustia puedo hallar consuelo
pero pensar que taladrando a la esperanza vuelvo,
es pensar en robarle caricias a un cariño muerto.
Hoy he visto en las noches la sombra de tu edad
y el eco de tu canto lo recogí en silencio,
y voy caminando con mis temores por callejones secos
buscando la peligrosa tempestad en cada viento.
Y me miras desde lejos como animal quimérico
y me llamas desde lejos con tu voz sepulcral
pero ya el oído de nuestro amor se ha roto
y huyo de tus pasos, por no llegar tarde a mi funeral.
Y mientras camino comprendo que todo acabó.
Que te recuerde una vez más, me gritas con insistencia
pero ahora es tarde, el manantial de los besos ya se bebió
y ya nunca podré darte un siglo de amor pero si de ausencias.
Albo Aguasola
Por las ventanas de mi alma se fueron descalzos aquellos besos
se fue la esperanza y el temor al miedo.
¿O será que me he vuelto ingrato esta madrugada?
Tan agrio como el hombre que se murió sin sexo.
Por la misma herida se me escapa moribundo aquel recuerdo
y la sangre cae al suelo como al vacío los pétalos;
amor sin retoño que te vas y no vuelves,
¡Ay! dolor tan cicatrizado que se escondió en el nervio.
Y voy taladrando al cuerpo con mis nueve dedos
por ver si en la angustia puedo hallar consuelo
pero pensar que taladrando a la esperanza vuelvo,
es pensar en robarle caricias a un cariño muerto.
Hoy he visto en las noches la sombra de tu edad
y el eco de tu canto lo recogí en silencio,
y voy caminando con mis temores por callejones secos
buscando la peligrosa tempestad en cada viento.
Y me miras desde lejos como animal quimérico
y me llamas desde lejos con tu voz sepulcral
pero ya el oído de nuestro amor se ha roto
y huyo de tus pasos, por no llegar tarde a mi funeral.
Y mientras camino comprendo que todo acabó.
Que te recuerde una vez más, me gritas con insistencia
pero ahora es tarde, el manantial de los besos ya se bebió
y ya nunca podré darte un siglo de amor pero si de ausencias.
Albo Aguasola
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