Sin título

Me gusta

  • si

    Votos: 0 0,0%
  • si

    Votos: 0 0,0%

  • Votantes totales
    0

David Salvador

Poeta recién llegado
¡Oh pena! Desdichados ojos míos,

que vieron el mar y casi todo lo que hay en él;

de la tierra, sus males y sus encantos,

el cielo y más allá del infinito

pero a ti; a ti mi amor no te habían visto.



Bendito el momento, bendita la calle,

bendito el imprudente y sagrado aire

que desde lo más oscuro de su bello vestido,

hizo mostrar los colores de la tentación

para que el deseo, con sus suspiros,me hiriera



Caminaba despacio, inocente de tanta belleza,

no llevaba perlas, oro pulido ni diamantes

pero una flor roja que de una rama caía

en su nocturno y ondulado cabello colgase,

luego, con angélico vuelo, delante de mí sentase

¡oh pena!, que el señor guie mis pasos

y que nunca vuelvan, ni cerrados mis ojos,

por este casual y erógeno sendero



O tal vez, en un efímero tiempo, en la misma calle,

volviesen mis ojos a verla y hacia mí,

deseosa volviese su mirada, ¡oh pena!

ya árbol en el otoño viéndome,

suceda el milagro que amor le inspire,

y pueda yo, por un instante sólo, dejar de soñar

con tan singular manjar de los dioses
 
¡Oh pena! Desdichados ojos míos,

que vieron el mar y casi todo lo que hay en él;

de la tierra, sus males y sus encantos,

el cielo y más allá del infinito

pero a ti; a ti mi amor no te habían visto.



Bendito el momento, bendita la calle,

bendito el imprudente y sagrado aire

que desde lo más oscuro de su bello vestido,

hizo mostrar los colores de la tentación

para que el deseo, con sus suspiros,me hiriera



Caminaba despacio, inocente de tanta belleza,

no llevaba perlas, oro pulido ni diamantes

pero una flor roja que de una rama caía

en su nocturno y ondulado cabello colgase,

luego, con angélico vuelo, delante de mí sentase

¡oh pena!, que el señor guie mis pasos

y que nunca vuelvan, ni cerrados mis ojos,

por este casual y erógeno sendero



O tal vez, en un efímero tiempo, en la misma calle,

volviesen mis ojos a verla y hacia mí,

deseosa volviese su mirada, ¡oh pena!

ya árbol en el otoño viéndome,

suceda el milagro que amor le inspire,

y pueda yo, por un instante sólo, dejar de soñar

con tan singular manjar de los dioses
Sentido y bello poema de amor enmarcado en una sensible y certera escritura, me ha gustado amigo David. Un abrazo. Paco.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba