El semblante de mi rostro
no coincide plenamente con la realidad,
en verdad estoy bastante hundida
aunque otras cosas consiguen mi tristeza enmascarar.
Por eso solo cuando pienso profundamente en ello,
me entran ganas de llorar,
su mirada, su sonrisa, su cabello,
se merecen un millón de lágrimas y mucho más.
Sobre todo su sonrisa; su sonrisa y su olor,
quizás algún día, pueda apreciar su sabor.
Por muy mal que yo esté, uno de esos días,
todo se arregla cuando vuelvo a ver su sonrisa.
Odio que tenga tanto poder sobre mí,
casi todo lo que hace repercute sobre mi estado de ánimo,
a veces prefiero no enterarme de lo que pudo ocurrrir,
así estoy tranquila con el último buen recuerdo pasado.
Tampoco trato de remediarlo,
todo está bien mientras no me deje de lado.
Somos muy amigas y a la vez somos unas extrañas;
en un terreno nos conocemos mucho y en otro no nos conocemos nada.