DEJAVU
Poeta adicto al portal
¡Qué libertad me dejas!
Socorrer el perímetro de la sala por la noche,
dejando a un lado el recuerdo.
¡Qué faena libre de reproche!
pausando la caída, a la deriva;
en caudal de tu ingrata memoria.
¡Qué complejidad de vidas!
Ajustando el sinsabor de un cruel dolor,
malhechor acechante,
sin horas para comidas, sin color,
de mi vida ocioso traficante.
¡Qué libertad me dejas!
Pegado a un escritorio por horas,
nimio ser pensante, débil constante,
sabiendo de tu libre elección,
con lágrima seca y latigante,
sin escudo,
sin barrera,
sin trofeo ni estante.
Qué ironía mas ingrata,
sabiendo que tu partida no es más que una etapa:
que venía,
navegando deslizada,
como suave viento en frazada,
sin saber al final; que ata,
que duele dulce y armoniosa,
que arde,
que mata.
Socorrer el perímetro de la sala por la noche,
dejando a un lado el recuerdo.
¡Qué faena libre de reproche!
pausando la caída, a la deriva;
en caudal de tu ingrata memoria.
¡Qué complejidad de vidas!
Ajustando el sinsabor de un cruel dolor,
malhechor acechante,
sin horas para comidas, sin color,
de mi vida ocioso traficante.
¡Qué libertad me dejas!
Pegado a un escritorio por horas,
nimio ser pensante, débil constante,
sabiendo de tu libre elección,
con lágrima seca y latigante,
sin escudo,
sin barrera,
sin trofeo ni estante.
Qué ironía mas ingrata,
sabiendo que tu partida no es más que una etapa:
que venía,
navegando deslizada,
como suave viento en frazada,
sin saber al final; que ata,
que duele dulce y armoniosa,
que arde,
que mata.
::