Trayenko
Poeta recién llegado
Sí, mis ojos no te ven
duermen como niños
atrapados en sueños, vueltos para sí
tratando de atrapar el rostro querido;
El tuyo:
Que se irá derramando
en esas tardes citadinas
que lo deben cubrir como una nube inmensa.
Sí, mis ojos no te ven
se silencian;
De mi...
los tuyos no saben que miran
sin trazar líneas,
se desvelan y no sienten,
no duermen.
Sí, vengo por tus ojos
para llenarme de ellos
para quitártelos
como frutos maduros
que se encienden
con el fuego de una vela entre
esas manos tuyas,
que se desgarran lejanas
de las mías que sangran,
las tuyas, las mías como
gotas de rocío, lejanos rocíos.
De mí, no hay nada en ti;
excepto estas palabras pobres
como las de un ebrio vago,
que pide monedas en las puertas
y ya ningún rostro le sonríe.
Sí, mis ojos no te ven
pero vemos, a veces, lo mismo
Todo silencio Todo oxidado
Noches prostitutas
Vasos cansados
Melodías vacías
Besos amargos.
Sin verte, sin verme
no nos vemos y nadie nos ve,
porque todo el mundo es ciego
cuando se apagan nuestros rostros
y los llevamos a casa para
esconderlos en el espejo matutino.
Yo no estoy para morirme todavía
pero suelo tener hambre de verte,
aguardando vuelvan tus manos
al espacio azul que te he guardado,
para atarme a tus ojos,
esos mismos que no conozco
pero que siento entre tus palabras,
palabras que cubren tus huesos,
mis manos se quedan tiesas
como listones sin pulir,
aguardando tu piel carne
atada a tu rostro,
para acariciarlo y con mis dedos
contar cada mirada tuya,
cada paso de tu frente a tu garganta.
Sin verte para verte
para ir a buscarte,
dónde sea y cómo sea,
desnuda o vestida,
apurada como viento,
alegre como niña en domingo,
bulliciosa como parque de juegos.
Disfrazada de mí
parecida a ti
alargando mis brazos,
tirando cuerdas desde mis ojos
para alcanzar el bote de tus miradas.
Sí, es verdad nunca he visto tus ojos
pero tengo la dicha de ver tu alma,
qué más se le puede pedir a la
soledad y a la distancia,
sino soñar que tus pupilas
temblorosas me alcanzan.
Trayenko.
duermen como niños
atrapados en sueños, vueltos para sí
tratando de atrapar el rostro querido;
El tuyo:
Que se irá derramando
en esas tardes citadinas
que lo deben cubrir como una nube inmensa.
Sí, mis ojos no te ven
se silencian;
De mi...
los tuyos no saben que miran
sin trazar líneas,
se desvelan y no sienten,
no duermen.
Sí, vengo por tus ojos
para llenarme de ellos
para quitártelos
como frutos maduros
que se encienden
con el fuego de una vela entre
esas manos tuyas,
que se desgarran lejanas
de las mías que sangran,
las tuyas, las mías como
gotas de rocío, lejanos rocíos.
De mí, no hay nada en ti;
excepto estas palabras pobres
como las de un ebrio vago,
que pide monedas en las puertas
y ya ningún rostro le sonríe.
Sí, mis ojos no te ven
pero vemos, a veces, lo mismo
Todo silencio Todo oxidado
Noches prostitutas
Vasos cansados
Melodías vacías
Besos amargos.
Sin verte, sin verme
no nos vemos y nadie nos ve,
porque todo el mundo es ciego
cuando se apagan nuestros rostros
y los llevamos a casa para
esconderlos en el espejo matutino.
Yo no estoy para morirme todavía
pero suelo tener hambre de verte,
aguardando vuelvan tus manos
al espacio azul que te he guardado,
para atarme a tus ojos,
esos mismos que no conozco
pero que siento entre tus palabras,
palabras que cubren tus huesos,
mis manos se quedan tiesas
como listones sin pulir,
aguardando tu piel carne
atada a tu rostro,
para acariciarlo y con mis dedos
contar cada mirada tuya,
cada paso de tu frente a tu garganta.
Sin verte para verte
para ir a buscarte,
dónde sea y cómo sea,
desnuda o vestida,
apurada como viento,
alegre como niña en domingo,
bulliciosa como parque de juegos.
Disfrazada de mí
parecida a ti
alargando mis brazos,
tirando cuerdas desde mis ojos
para alcanzar el bote de tus miradas.
Sí, es verdad nunca he visto tus ojos
pero tengo la dicha de ver tu alma,
qué más se le puede pedir a la
soledad y a la distancia,
sino soñar que tus pupilas
temblorosas me alcanzan.
Trayenko.