Alan Daniel Giampietro
Poeta recién llegado
Mis manos dejaron de ser manos
la tarde en que te marchaste.
Caricias que se suicidan
y terminan en un viejo bolsillo.
Mis ojos ya no miran
y mi pelo ahora es noche muerta
sin luna ni estrellas.
Mi boca es el barranco
incierto, mis labios el desierto
sediento de ti.
Mi caminar es como nadar
en arenas inseguras.
Mis huesos son cenizas,
mis besos son la prisa
a ningún lugar.
Los atardeceres ya no son mujeres,
son fantasmas para exorcizar.
Mis amaneceres se vuelven
a acostar, solos en la cama
de la soledad.
Mi piedad es una dama
sin escrúpulos y vencida
que ese dolor ajeno es su comida.
El aire es un veneno
mi casa un laberinto sin salida.
Que se me pasa la vida
buscando tu vida.
Mi razón no encuentra la manera,
y me pongo a rezar a una ermita.
Mi corazón es una caja de madera
sin barnizar y alimento de termita.
la tarde en que te marchaste.
Caricias que se suicidan
y terminan en un viejo bolsillo.
Mis ojos ya no miran
y mi pelo ahora es noche muerta
sin luna ni estrellas.
Mi boca es el barranco
incierto, mis labios el desierto
sediento de ti.
Mi caminar es como nadar
en arenas inseguras.
Mis huesos son cenizas,
mis besos son la prisa
a ningún lugar.
Los atardeceres ya no son mujeres,
son fantasmas para exorcizar.
Mis amaneceres se vuelven
a acostar, solos en la cama
de la soledad.
Mi piedad es una dama
sin escrúpulos y vencida
que ese dolor ajeno es su comida.
El aire es un veneno
mi casa un laberinto sin salida.
Que se me pasa la vida
buscando tu vida.
Mi razón no encuentra la manera,
y me pongo a rezar a una ermita.
Mi corazón es una caja de madera
sin barnizar y alimento de termita.