Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Desencanto, que izas mi bandera,
penetras en mi mente como un sueño,
arrinconas la mueca que te enseño,
la sonrisa que impones nunca espera
como en una ilusión de adentro a fuera,
y del niño enjundioso al fin me adueño.
Lo cuido hasta que vuelve a ser pequeño
el espacio, se enfrasca, tapadera.
Has sido muchos términos, mi fin
a cuentagotas. Vivo otra experiencia
-Converso de tú a tú con un sillín.-,
en la que estás inmersa sin presencia
-Ése fue tu legado sin confín.
soy cómplice de amarte sin creencia.-.
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