Los latidos de mi corazón se convierten en arritmia,
tortura y castigo para mi alma;
sin anestesia.
Entre la vida y la muerte,
fuiste la luz que iluminó mi paladar
para empalar palabras y textos que me hacían sentir consolado.
Siendo la diana yo, y la flecha tú,
la palabra quemó mi sistema nervioso,
inhabilitando mi sintomatología de tristeza y dolor;
convirtiendo en cenizas mi carne,
envenenada de tu paciencia y tu perversidad.
Tu voz… fue el bisturí que abrió mi pecho
y confirmó que mi corazón latía por ti.
Sabiendo su anatomía, cortaste el miocardio
y marcaste los pasos de mi fin.
Sin amar, diseccionaste mi alma
y abandonas mi cuerpo a corazón abierto;
condenado a necrosis y muerte tisular,
redacto tu partida y tu esperanza:
el reflejo de tu amor indiferente.
tortura y castigo para mi alma;
sin anestesia.
Entre la vida y la muerte,
fuiste la luz que iluminó mi paladar
para empalar palabras y textos que me hacían sentir consolado.
Siendo la diana yo, y la flecha tú,
la palabra quemó mi sistema nervioso,
inhabilitando mi sintomatología de tristeza y dolor;
convirtiendo en cenizas mi carne,
envenenada de tu paciencia y tu perversidad.
Tu voz… fue el bisturí que abrió mi pecho
y confirmó que mi corazón latía por ti.
Sabiendo su anatomía, cortaste el miocardio
y marcaste los pasos de mi fin.
Sin amar, diseccionaste mi alma
y abandonas mi cuerpo a corazón abierto;
condenado a necrosis y muerte tisular,
redacto tu partida y tu esperanza:
el reflejo de tu amor indiferente.