Sinfonía Infernal IV

Lord Vélfragor

Poeta adicto al portal
(Catarsis) 4to movimiento

Deplorables condiciones,
para reclamar a la nada,
el justo merecido,
de ranas en charco,
con la fehaciente rareza,
de querer llamar monarca...

Utensilios confundidos,
por cetro y capa,
que no es más que la corona del loco,
que en perversas imágenes,
conduce su corcel (burro) a la barraca,
con el sueño dorado,
de pertenecer a un estercolero establo...
¡Llamándolo Reino!

Bajíos tenebrosos,
con los aullidos de las hienas,
que alguna vez fueron lacayos,
de adustas sonrisas,
prontos al asesinato,
prontos al pillaje,
siendo ahora... hienas...

León enjaulado,
que roba su aliento,
con la melena perdida,
entre espadas y cobardes,
con garras se destripa,
antes de ser más esclavo...

Virtud de doncella,
que se conserva en oro,
bañada en sutiles flores,
que despierta la embriagues de los sapos,
que sin estanque,
prometen los lirios...

Sotanas negras,
que desfilan entre luces,
con incienso divino,
para tapar su podredumbre,
cantando las odas,
celestes y aburridas,
con guantes de lana,
y colgantes ridículos...

Corten las cabezas,
de los asquerosos gusanos,
¿llamadles padres? ¿Besar sus manos?
cuando duro se han masturbado,
entre penitencias infantiles...
Al fuego con ellos... al fuego...
y que sus entrañas estallen...

Putas de balcón,
que sacien por siempre los vicios,
entre las cuales doncella es reina,
y mi reina... pervertiré...
con serpientes, con escobas,
que marquen su lujuria,
naciente y desesperada...

Láminas de plata,
que servirán de aposentos,
para descabellados momentos,
con cincel en mano,
que mausoleo os dejaré,
con marfil, con perlas,
y una bella musa.... tú....

Perfilando los laureles,
con la corona de la gloria,
sentado con los jueces,
bebiendo la muerte de ellos,
entre ensangrentados colmillos,
que burlarán al destino...

Venas... venas... venas,
que tiemblan y sucumben,
con la razón contenida,
en savia carmesí que glóbulos rojos,
devorarán por siempre al intruso,
y mi boca maldecirá a todos ellos...

Se cierra el telón,
con los Grifos custodios,
que la Ópera magna,
será taciturna y larga,
con cabriolas y piruetas,
con bufones y esfinges...

¡Mentiras! ¡Verdades!
que el juglar lo adivine,
mientras el trovador canta,
la hechicera lee las cartas,

¡Maestro de ceremonia!
con la bella orquesta ilustrada,
entre cráneos prisioneros,
y musas desnudas y ofrendadas,
que así comience el acto numero cuatro,

Con los jabalíes cazados,
con las dianas violadas,
en el carruaje de fuego,
donde sus cenizas serán esparcidas,
no por el insensato Apolo,
que al final solo es él...

Será la obra magna,
encerrada en ataúdes,
con el solsticio de invierno,
que levante al Dragón,
que mate a la princesa,
y escupa a la Hidra...

Cante Orfeo...
con la Athena violenta,
que nada sea consumado,
no hasta que introduzca la batuta,
en esa hermosa piel que me espera,
con ojos verdes y hermosos,
con piernas tersas y pechos cálidos,
antes de eso... nada....
después de ello... todo...

Con ríos blanquecinos,
que cubran su vientre,
entre orgasmos deleitados,
con el sincero latir,
que desenvaine la espada...

¡Viene el Acto Quinto!

Y ahora vendrá.... sonido terrible...
Grito... poderoso.... El Pagliacci...
la muerte... y la diosa...

L.V.
 
Verdaderos cantos del infierno, cuando los haces creo que todo se torna en llamas, eres un demonio! Buscas los ecenarios más tenebrosos y los paisajes menos esperados para violar entre orquestas las noches... me aterrorizo de pronto!
te quiero.
Papillón.
 
(Catarsis) 4to movimiento

Deplorables condiciones,
para reclamar a la nada,
el justo merecido,
de ranas en charco,
con la fehaciente rareza,
de querer llamar monarca...

Utensilios confundidos,
por cetro y capa,
que no es más que la corona del loco,
que en perversas imágenes,
conduce su corcel (burro) a la barraca,
con el sueño dorado,
de pertenecer a un estercolero establo...
¡Llamándolo Reino!

Bajíos tenebrosos,
con los aullidos de las hienas,
que alguna vez fueron lacayos,
de adustas sonrisas,
prontos al asesinato,
prontos al pillaje,
siendo ahora... hienas...

León enjaulado,
que roba su aliento,
con la melena perdida,
entre espadas y cobardes,
con garras se destripa,
antes de ser más esclavo...

Virtud de doncella,
que se conserva en oro,
bañada en sutiles flores,
que despierta la embriagues de los sapos,
que sin estanque,
prometen los lirios...

Sotanas negras,
que desfilan entre luces,
con incienso divino,
para tapar su podredumbre,
cantando las odas,
celestes y aburridas,
con guantes de lana,
y colgantes ridículos...

Corten las cabezas,
de los asquerosos gusanos,
¿llamadles padres? ¿Besar sus manos?
cuando duro se han masturbado,
entre penitencias infantiles...
Al fuego con ellos... al fuego...
y que sus entrañas estallen...

Putas de balcón,
que sacien por siempre los vicios,
entre las cuales doncella es reina,
y mi reina... pervertiré...
con serpientes, con escobas,
que marquen su lujuria,
naciente y desesperada...

Láminas de plata,
que servirán de aposentos,
para descabellados momentos,
con cincel en mano,
que mausoleo os dejaré,
con marfil, con perlas,
y una bella musa.... tú....

Perfilando los laureles,
con la corona de la gloria,
sentado con los jueces,
bebiendo la muerte de ellos,
entre ensangrentados colmillos,
que burlarán al destino...

Venas... venas... venas,
que tiemblan y sucumben,
con la razón contenida,
en savia carmesí que glóbulos rojos,
devorarán por siempre al intruso,
y mi boca maldecirá a todos ellos...

Se cierra el telón,
con los Grifos custodios,
que la Ópera magna,
será taciturna y larga,
con cabriolas y piruetas,
con bufones y esfinges...

¡Mentiras! ¡Verdades!
que el juglar lo adivine,
mientras el trovador canta,
la hechicera lee las cartas,

¡Maestro de ceremonia!
con la bella orquesta ilustrada,
entre cráneos prisioneros,
y musas desnudas y ofrendadas,
que así comience el acto numero cuatro,

Con los jabalíes cazados,
con las dianas violadas,
en el carruaje de fuego,
donde sus cenizas serán esparcidas,
no por el insensato Apolo,
que al final solo es él...

Será la obra magna,
encerrada en ataúdes,
con el solsticio de invierno,
que levante al Dragón,
que mate a la princesa,
y escupa a la Hidra...

Cante Orfeo...
con la Athena violenta,
que nada sea consumado,
no hasta que introduzca la batuta,
en esa hermosa piel que me espera,
con ojos verdes y hermosos,
con piernas tersas y pechos cálidos,
antes de eso... nada....
después de ello... todo...

Con ríos blanquecinos,
que cubran su vientre,
entre orgasmos deleitados,
con el sincero latir,
que desenvaine la espada...

¡Viene el Acto Quinto!

Y ahora vendrá.... sonido terrible...
Grito... poderoso.... El Pagliacci...
la muerte... y la diosa...

L.V.
 

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