Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
(Segundo Movimiento)
Razón... duda... confianza y muerte,
la tierra del desencanto,
forjada entre acero y mirra,
con las espinas dobladas,
que dragan la infección,
ocurrida en sus tiempos....
Celeste mirada,
perdida en ocasos,
con rayos solares,
vertido en tinieblas,
como hoyo negro,
devorador de pecados...
Galaxias complejas,
en los átomos superficiales,
de risas pasajeras,
con vanas experiencias,
¿Quién servirá el vino?
si la gente muerta,
grita desde su tumba...
si la noche olvidada,
recuerda su nombre,
¡Ardor, muerte, ruina!
que la pasión sea escrita,
con lágrimas negras,
con luna acorazada,
de rosas malditas que extraje de tu lápida,
como clara advertencia...
Rozas las estrellas,
cantas con los astros,
melodías completas,
sin pudor ni descanso...
Que sea orgasmo celeste,
al tocar con sus puntas la Luna,
al quemar con su lujuria al mismo Sol,
que solo aguardo el momento...
que perderá sus bragas...
que perderá su vida...
Enroscada serpiente,
con los colmillos mostrados,
en defensa de la fruta prohibida,
que arrancaré de sus fauces,
con bestialidad digna de un Lord...
Rompe la espada,
que forjada con odio fue templada,
con el rayo en la cumbre,
con la nieve en el alba,
crepúsculo sanguinolento,
labrado por poetas asesinados,
por cantantes sacros,
por musas ardientes...
Réquiem divino,
acompasado en bemoles,
que robe la sonrisa,
de mármoles y estatuas,
y sea suave con las súcubo,
que robe suspiros,
que robe sus alas...
Inclementes olas,
que rocíen el calvario,
este que no termina en una cruz,
si no entre gritos dolientes,
de una alma perdida,
entre caos y pena,
Llaves de paraíso perdido,
si entre tus pechos,
he perdido mi humanidad,
si entre tus piernas,
he ganado mis condena...
¡Más no me importa!
Si el universo aún es basto,
mi locura profunda,
detendré mi paso,
solo para besar tus pies,
y después beberme tu vida....
Con sonrisas y lamentos,
con lágrimas y rosas,
entre espadas y espinas...
que ahí se sobrevivir...
Con toscos nudos,
que ahorquen a aquellos,
perdidos insolentes,
que llaman al cielo...
Toque solemne,
de violines y cuerdas,
que yo al piano dedico,
las melodías justas del diablo...
sin ser él... y siendo yo....
¡Como siempre Yo!
¿Alguien tiene algo que reclamar?
L.V.
Razón... duda... confianza y muerte,
la tierra del desencanto,
forjada entre acero y mirra,
con las espinas dobladas,
que dragan la infección,
ocurrida en sus tiempos....
Celeste mirada,
perdida en ocasos,
con rayos solares,
vertido en tinieblas,
como hoyo negro,
devorador de pecados...
Galaxias complejas,
en los átomos superficiales,
de risas pasajeras,
con vanas experiencias,
¿Quién servirá el vino?
si la gente muerta,
grita desde su tumba...
si la noche olvidada,
recuerda su nombre,
¡Ardor, muerte, ruina!
que la pasión sea escrita,
con lágrimas negras,
con luna acorazada,
de rosas malditas que extraje de tu lápida,
como clara advertencia...
Rozas las estrellas,
cantas con los astros,
melodías completas,
sin pudor ni descanso...
Que sea orgasmo celeste,
al tocar con sus puntas la Luna,
al quemar con su lujuria al mismo Sol,
que solo aguardo el momento...
que perderá sus bragas...
que perderá su vida...
Enroscada serpiente,
con los colmillos mostrados,
en defensa de la fruta prohibida,
que arrancaré de sus fauces,
con bestialidad digna de un Lord...
Rompe la espada,
que forjada con odio fue templada,
con el rayo en la cumbre,
con la nieve en el alba,
crepúsculo sanguinolento,
labrado por poetas asesinados,
por cantantes sacros,
por musas ardientes...
Réquiem divino,
acompasado en bemoles,
que robe la sonrisa,
de mármoles y estatuas,
y sea suave con las súcubo,
que robe suspiros,
que robe sus alas...
Inclementes olas,
que rocíen el calvario,
este que no termina en una cruz,
si no entre gritos dolientes,
de una alma perdida,
entre caos y pena,
Llaves de paraíso perdido,
si entre tus pechos,
he perdido mi humanidad,
si entre tus piernas,
he ganado mis condena...
¡Más no me importa!
Si el universo aún es basto,
mi locura profunda,
detendré mi paso,
solo para besar tus pies,
y después beberme tu vida....
Con sonrisas y lamentos,
con lágrimas y rosas,
entre espadas y espinas...
que ahí se sobrevivir...
Con toscos nudos,
que ahorquen a aquellos,
perdidos insolentes,
que llaman al cielo...
Toque solemne,
de violines y cuerdas,
que yo al piano dedico,
las melodías justas del diablo...
sin ser él... y siendo yo....
¡Como siempre Yo!
¿Alguien tiene algo que reclamar?
L.V.
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