orlando medina
Poeta recién llegado
Solo basto un momento
para que el tiempo se detuviera
con mi corazón,
y mis ojos fueran testigos
de otro universo, de otra belleza,
de una criatura celícola
capaz de suprimir mi aliento
con el solo latir de su presencia.
Basto ese instante
para que la semilla del amor
germinara sobre la piel
de mis ilusiones,
y mis sentidos fueran cegados
con la luz de su gloria.
Basto para darme cuenta
que en lo mas profundo
de mi oceano azúl,
agonizaba de amor.
Fue entonces cuando morí.
Y en el ocaso de mi alma
lloraban los claveles
de mi jardín eterno,
al saber que eras inalcanzable
como las estrellas,
que no existía para tí.
Que en mi gran delirio,
solo mis ojos tenian derecho
de tomarte y amarte,
que ni la misma imaginación
con su gran poder
de materializar lo imposible,
podia siquiera tocarte.
Pero tú,
que eres el fuego azúl del edén,
el alimento de mis pasiones,
el alba de mis dolores,
has desgarrado con tus espinas
el capullo donde yacía mi felicidad.
Tú, el sentimiento que doblega
el pudor y el orgullo,
me has condenado al tormento
de vivir sin ser amado,
de amar sin ser correspondido,
de amar con dolor.
Como duele morir por tí,
llorar por tí,
agonizar por tí,
desvanecerme
como el hielo ante el fuego
por tu causa.
Tú,
cuyo nombre siempre se ha escrito
con sangre y lagrimas del corazón.
Como me duele amarte.
para que el tiempo se detuviera
con mi corazón,
y mis ojos fueran testigos
de otro universo, de otra belleza,
de una criatura celícola
capaz de suprimir mi aliento
con el solo latir de su presencia.
Basto ese instante
para que la semilla del amor
germinara sobre la piel
de mis ilusiones,
y mis sentidos fueran cegados
con la luz de su gloria.
Basto para darme cuenta
que en lo mas profundo
de mi oceano azúl,
agonizaba de amor.
Fue entonces cuando morí.
Y en el ocaso de mi alma
lloraban los claveles
de mi jardín eterno,
al saber que eras inalcanzable
como las estrellas,
que no existía para tí.
Que en mi gran delirio,
solo mis ojos tenian derecho
de tomarte y amarte,
que ni la misma imaginación
con su gran poder
de materializar lo imposible,
podia siquiera tocarte.
Pero tú,
que eres el fuego azúl del edén,
el alimento de mis pasiones,
el alba de mis dolores,
has desgarrado con tus espinas
el capullo donde yacía mi felicidad.
Tú, el sentimiento que doblega
el pudor y el orgullo,
me has condenado al tormento
de vivir sin ser amado,
de amar sin ser correspondido,
de amar con dolor.
Como duele morir por tí,
llorar por tí,
agonizar por tí,
desvanecerme
como el hielo ante el fuego
por tu causa.
Tú,
cuyo nombre siempre se ha escrito
con sangre y lagrimas del corazón.
Como me duele amarte.