Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Orlan la calle hileras de cipreses,
gigantes, derechos, guardianes
que sostienen como
columnas el cielo.
Calle sin gentes,
de edificios bajos
y balcones cerrados,
verdes ventanas
y muros acristalados.
Boulevard mediano,
con seto de alerces recortado
recorre la calle
y divide los asfaltos.
Un semáforo pasa
de rojo a verde
y nada ocurre,
como un sueño irreal
o una triste madrugada.
Una sirena rompe el silencio,
como el lamento
de sueños que se rompen.
Se suben de golpe las persianas,
se iluminan los portales,
mujeres, hombres,
en ordenado desorden
toman la calle.
Como un mundo de autómatas
las tiendas se abren,
las panaderías, los bares.
Un aroma de café
enseñorea la calle.
gigantes, derechos, guardianes
que sostienen como
columnas el cielo.
Calle sin gentes,
de edificios bajos
y balcones cerrados,
verdes ventanas
y muros acristalados.
Boulevard mediano,
con seto de alerces recortado
recorre la calle
y divide los asfaltos.
Un semáforo pasa
de rojo a verde
y nada ocurre,
como un sueño irreal
o una triste madrugada.
Una sirena rompe el silencio,
como el lamento
de sueños que se rompen.
Se suben de golpe las persianas,
se iluminan los portales,
mujeres, hombres,
en ordenado desorden
toman la calle.
Como un mundo de autómatas
las tiendas se abren,
las panaderías, los bares.
Un aroma de café
enseñorea la calle.
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