Marcelo Namicela
Poeta recién llegado
Sismo
¡Aterrado!, en tinieblas, ¡clamo!
¡Dios mío! ¡No me desampares!
Oigo gritos turbadores de agonía,
el pánico acecha en todas partes.
Inmóvil, siento una dolencia;
¡Tengo miedo! ¿Una grave herida?
El fantasma de la muerte me sonríe,
sopla mi rostro con su frío aliento,
doblega mis fuerzas de escapar,
pasa el temible tiempo, lento,
se burla de mi tenue humanidad.
No sé cuánto pueda soportar,
mi espíritu pausadamente decae,
mi cuerpo malherido, no resiste
¡pronto mis angustias cesarán!
¿Qué produjo tal desastre?
El sismo no predijo su venida
ni respondió a la interrogante,
su ira ha extinguido tantas vidas,
nos aclara que no somos inmortales.
Cavilo en esta lenta agonía,
me anima el recuerdo de los míos,
sus consejos los escucho todavía,
pero es tarde para resolver mis líos.
Se apaga la luz de la esperanza,
empiezan a alterarse mis sentidos,
afuera, el infierno angustioso suena
y veo abrirse el misterioso cielo.
Es un homenaje por las víctimas del terremoto en las costas de mi Ecuador el pasado 16 de abril. Aunque yo no lo viví con tanta intensidad en el lugar donde vivo, me imaginé la angustia de aquella gente que le tocó soportar la furia de nuestra madre tierra. ¡Quedarán secuelas en nuestras memorias como país para siempre!¡Aterrado!, en tinieblas, ¡clamo!
¡Dios mío! ¡No me desampares!
Oigo gritos turbadores de agonía,
el pánico acecha en todas partes.
Inmóvil, siento una dolencia;
¡Tengo miedo! ¿Una grave herida?
El fantasma de la muerte me sonríe,
sopla mi rostro con su frío aliento,
doblega mis fuerzas de escapar,
pasa el temible tiempo, lento,
se burla de mi tenue humanidad.
No sé cuánto pueda soportar,
mi espíritu pausadamente decae,
mi cuerpo malherido, no resiste
¡pronto mis angustias cesarán!
¿Qué produjo tal desastre?
El sismo no predijo su venida
ni respondió a la interrogante,
su ira ha extinguido tantas vidas,
nos aclara que no somos inmortales.
Cavilo en esta lenta agonía,
me anima el recuerdo de los míos,
sus consejos los escucho todavía,
pero es tarde para resolver mis líos.
Se apaga la luz de la esperanza,
empiezan a alterarse mis sentidos,
afuera, el infierno angustioso suena
y veo abrirse el misterioso cielo.