Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
A mordiscos con las nubes
las montañas muestran
sus hambres de lluvia
en este sur tan blanco
de entrañas tan negras.
En interior de cueva
la necesidad de luz
aprieta la garganta
del último pájaro
que sobrevoló el cielo
antes del incendio
que plegara sus alas.
Los libros de la remota esperanza
apilan sus hojas en verdes estantes
a la espera del milagro
que les entregue en vida.
No es necesario llorar sobre ellos
para verlos crecer entre las manos
y consumirse en llamas
hasta la última letra
que abone los ojos del profano;
los candados que los cierran
son cantos de sirena
que confunden al necio
que no sabe abrirlos
con llave de espuma
y no pone voz dentro de ellos
para que lluevan ideas de corrido
con su lengua, sus dientes,
su mordisco en la nube,
para bañar las escuelas
de todos los pueblos,
con agua sedienta,
sobre blanco y negro.