Sobre la muerte
Nuestras vidas son los ríos
que en el mar van a morir,
será nuestro devenir
cuando nos quedemos fríos.
Nos llenamos de arrepíos
cuando a la parca nombramos,
aunque en la muerte creamos
es la vida quien abraza
nuestro sentir y atenaza
en un rincón lo que odiamos.
El camino que nos lleva
desde el mismo nacimiento
es retorcido sarmiento
que hacia el futuro se eleva.
Mientras el alma se abreva
en designios inmortales
los años son los rivales
que debemos ir venciendo
y las fuerzas consumiendo
de nuestros cuerpos mortales.
No es por saber que la muerte
ha de llegar implacable
que un temor inexplicable
me mantiene casi inerte.
No temo sufrir tal suerte
lo que me está preocupando
es el no saber el cuando,
en que momento, en que hora,
nos llegará la señora
con su guadaña segando.
Ahora que llego a viejo
el tiempo ya no es problema,
lo que, si acaso, requema
es no tener buen reflejo.
Al mirarme en el espejo
ya veo mi calavera,
comprendo lo que me espera
pero me digo, sin miedo,
nada que hacer, nada puedo,
venga ella cuando quiera.