Kazor
Poeta adicto al portal
Entre las miradas de los sábados,
los cuentos en las noches estrelladas
y los cantos melódicos de las luciérnagas
se sobreentiende una manera de acariciar diferente.
Un torrente de saliva curativa relame las heridas de la tierra,
todos se arrodillan para besar al polvo,
sentir su aspereza en los labios
y ver como la vida seca los ánimos del barro
que con temor se pega a sus bocas.
La novedosa autoridad dictamino
que la tierra no se podía amar,
que el progreso significa
el retroceso del color verde.
Y el mundo lo acepto clamorosamente.
Recuerdo que desde entonces
hacer el amor es mucho más desagradable
y las personas son como las paredes
grises, bordes e iguales.
Recuerdo que desde entonces,
los besos saben ha amianto
y a una amalgama de sabores tóxicos
que deterioran la piel con cada caricia.
La humanidad acepto el progreso sobre el retroceso de lo verde,
sin saber,
que en los términos del contrato
también el retroceso del amor iba incluido.
los cuentos en las noches estrelladas
y los cantos melódicos de las luciérnagas
se sobreentiende una manera de acariciar diferente.
Un torrente de saliva curativa relame las heridas de la tierra,
todos se arrodillan para besar al polvo,
sentir su aspereza en los labios
y ver como la vida seca los ánimos del barro
que con temor se pega a sus bocas.
La novedosa autoridad dictamino
que la tierra no se podía amar,
que el progreso significa
el retroceso del color verde.
Y el mundo lo acepto clamorosamente.
Recuerdo que desde entonces
hacer el amor es mucho más desagradable
y las personas son como las paredes
grises, bordes e iguales.
Recuerdo que desde entonces,
los besos saben ha amianto
y a una amalgama de sabores tóxicos
que deterioran la piel con cada caricia.
La humanidad acepto el progreso sobre el retroceso de lo verde,
sin saber,
que en los términos del contrato
también el retroceso del amor iba incluido.