Miguel Mercurio
Poeta recién llegado
En tu pecho mi cabeza
reposa afligida y mansa
y al nacer el nuevo día
tus dedos de cielo y plata
se adentran en mis cabellos
aún cubiertos de escarcha.
Ya no percibo las risas
de los niños en las plazas
ni al solitario jilguero
cantando sobre una rama.
Sólo me viene el bullicio
de tu sangre desbocada,
rugido de dos volcanes
repletos de ardiente lava.
Y de un mar de aguas revueltas
tus manos de concha y nácar
arrastran con la corriente
mis sueños hacia tu playa.
Dormitando en tu regazo
siento que nada me falta
y no temo ni a la muerte
pues descanso en la esperanza
de estar anclado a tus senos
por siempre cada mañana.
reposa afligida y mansa
y al nacer el nuevo día
tus dedos de cielo y plata
se adentran en mis cabellos
aún cubiertos de escarcha.
Ya no percibo las risas
de los niños en las plazas
ni al solitario jilguero
cantando sobre una rama.
Sólo me viene el bullicio
de tu sangre desbocada,
rugido de dos volcanes
repletos de ardiente lava.
Y de un mar de aguas revueltas
tus manos de concha y nácar
arrastran con la corriente
mis sueños hacia tu playa.
Dormitando en tu regazo
siento que nada me falta
y no temo ni a la muerte
pues descanso en la esperanza
de estar anclado a tus senos
por siempre cada mañana.