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Voy escalando en tus nostálgicos suspiros hasta convertirme en amado pensamiento, y entre las paredes calladas de ese abismo mi límpido amor se sujeta a tu silencio.  
Traslúcidas voces de silencios apremiantes como esporas de sueños en el vórtice de cordura dejan su etéreo amalgamado en tu hálito embriagante y renacen perennes sobre un hilo de locura.
 
Para colgar un cuadro de lúbricas intimidades de dos protagonistas en el torrente de un delirio, en encelado encuentro de nómadas pasiones, que nos arrastran de cabeza hacia el desquicio.
 
Incorpórea piel desnuda, células sin sangre tras el túnel de terciopelo que el deseo exhala; puedo tocar tu esencia ingrávida que arde un rebullir de volcanes que fluidos emanan.
 
Epicúrea fantasía con ganosos dedos de aire, arrebato que me tocas con hambre de sueños; puedo sentir el palpitar de tu corazón distante, aunque sean de huecas nubes nuestros cuerpos.
 
Mis nubes se harán huracán de noventa grados; te sostendrán en el ángulo abierto de mi pecho, porque encontradizo abriré en aura mis brazos, y mi corazón excitado emprenderá el acecho.
     Y en medio de todo este espacio interminable, y sobre la distancia que entre los dos se extiende se abrazarán al fin nuestros deseos en espirales, para arrancar del tiempo lo que estaba ausente.
 
Y quitaré toda la marea fuera de tu arena se avistarán tus emociones como caracoles; alisaré el temblor que tu vientre almacena y esconderé en ti mi cofre de intenciones.
 
Pintaré con el arco iris el acromático paisaje; arrancaré nuestro sueño atrapado entre las redes, y marcará el tiempo nuestras huellas de colores sobre el legítimo destino que sólo Dios ofrece.
 
Y como átomos de agua nos haremos mares; reventará el algente silencio como el oleaje, y sembraremos en su humedad las tibias voces que llenen con amor nuestros corazones amantes.