Antares
Poeta adicto al portal
El gris de las aceras me acompaña
en paseos hacia ninguna parte.
Ciudad Injusticia que apareces en cuanto menos.
A tus pies,
Yo, postrada en el papel de resilente que tanto tiempo llevo ensayando.
Actríz que profesa la pena,
encasillada siempre en la misma posición.
¿Que esperas?
¿Que limpien tu alma?
¿Que te arranquen del estado parsimonioso en el que habitas?
Soy mujer ardiente,
que saca sus uñas y dientes.
Ante ti, doblego la fiera,
empequeñezco y me retraigo.
Sabes...siempre vuelve la noche y sus tormentas.
Aquellas que te atrapan inconsecuentes y deciden sobre ti,
sobre todo.
Sobrevivo alimentándome de versos.
Creo mundos imaginarios, amores inalcanzables.
Allí sólo yo decido,
territorio privado donde invento vidas.
Me recreo,
pero muy a pesar mío
tambien existen almas sin escrúpulos, necios vanidosos, vendedores de pamemas,
buenos actores para hacerte volver a la realidad en cuestión de segundos.
Sin embargo, compensa volver a tierra de nadie,
donde por arte de magia
un día
creas un personaje e inventas un paraiso,
una vida armoniosa dónde todo es felicidad.
Logras olvidar al malo del cuento y sus pisadas en la nieve.
Por ello y sólo por ello, vale la pena.
en paseos hacia ninguna parte.
Ciudad Injusticia que apareces en cuanto menos.
A tus pies,
Yo, postrada en el papel de resilente que tanto tiempo llevo ensayando.
Actríz que profesa la pena,
encasillada siempre en la misma posición.
¿Que esperas?
¿Que limpien tu alma?
¿Que te arranquen del estado parsimonioso en el que habitas?
Soy mujer ardiente,
que saca sus uñas y dientes.
Ante ti, doblego la fiera,
empequeñezco y me retraigo.
Sabes...siempre vuelve la noche y sus tormentas.
Aquellas que te atrapan inconsecuentes y deciden sobre ti,
sobre todo.
Sobrevivo alimentándome de versos.
Creo mundos imaginarios, amores inalcanzables.
Allí sólo yo decido,
territorio privado donde invento vidas.
Me recreo,
pero muy a pesar mío
tambien existen almas sin escrúpulos, necios vanidosos, vendedores de pamemas,
buenos actores para hacerte volver a la realidad en cuestión de segundos.
Sin embargo, compensa volver a tierra de nadie,
donde por arte de magia
un día
creas un personaje e inventas un paraiso,
una vida armoniosa dónde todo es felicidad.
Logras olvidar al malo del cuento y sus pisadas en la nieve.
Por ello y sólo por ello, vale la pena.