Dijo el loro ¡SOCORRO!
Me quedé mirándolo y pensando...
¿Desde cuando mi loro dice SOCORRO?
Yo jamás pronuncié esa palabra,
y si hubiera sido ella...
¿Habrá sido ella?
Sin guantes blancos para evitar mis huellas,
observé que no faltara nada.
Tal vez el cuadro un poco torcido,
pero no había señales de violencia.
La cocina se transformó en un cuarto
de inteligencia.
-Te lo pregunto nuevamente lorito:
-¿A quién escuchaste pedir SOCORRO?
No confesó.
Tampoco le quedaron plumas.
En la cena me miró fijo,
yo no llevaba lupa ni pipa,
pero se dio cuenta que sospechaba
y decidió contarme.
En realidad no hacía falta,
antes que comience a hablar
vi la balanza en el tarro de basura.
Me quedé mirándolo y pensando...
¿Desde cuando mi loro dice SOCORRO?
Yo jamás pronuncié esa palabra,
y si hubiera sido ella...
¿Habrá sido ella?
Sin guantes blancos para evitar mis huellas,
observé que no faltara nada.
Tal vez el cuadro un poco torcido,
pero no había señales de violencia.
La cocina se transformó en un cuarto
de inteligencia.
-Te lo pregunto nuevamente lorito:
-¿A quién escuchaste pedir SOCORRO?
No confesó.
Tampoco le quedaron plumas.
En la cena me miró fijo,
yo no llevaba lupa ni pipa,
pero se dio cuenta que sospechaba
y decidió contarme.
En realidad no hacía falta,
antes que comience a hablar
vi la balanza en el tarro de basura.
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