Noctua
Poeta adicto al portal
Sofoco en olas de pavimento y sal
Asfalto sofocador,
que estrangula con lianas el resplandor y luz,
desdoblándome como una triste figura de cartón.
Tráquea interrumpida con un caucho de dolor
te mezclas en mí liquido visceral,
sin alma y sin corazón
destilando por los poros de mis nudillos roídos;
saturación incontrolable
en tiempo y en espacio,
pestañas desdobladas bañadas en rímel
teñidas de musgo y sobriedad.
Déjame engalanarte en licor de sangre y limón,
déjame envolverte en un lienzo de un solo color;
déjate...
Sumergirte en mi médula ósea,
en la porosidad de mis huesos,
fíltrarte en cada espacio intracelular.
Entre élitros y antenas,
entre picos y alas,
entre pieles y tentáculos
de los mares ilusorios tendidos ante nuestros ojos...
Mieles sanguinarias de colonias perversas,
abejas asesinas de inspiración y placebos;
pilosidades urticantes de tarántulas nocturnas
que se roban los orgasmos en sus patas sin dejar rastro.
Expresiones que fallecen...
Se enredan en telarañas de tristezas coloridas
pintadas en oleos de la vida.
Desdibújame, recórtame y desmiémbrame....
Solo insértame esencia en las neuronas
de dendritas atrofiadas,
de fibras volátiles y venenosas.
Déjame en medio de una eterna sinfonía
de gritos y espasmos, de silbidos, murmullos y cánticos gregorianos;
deja que retumben en mis oídos
las oscuras melodías de una noche de deliciosa soledad,
entre cantos de insectos y aves nocturnas
entre la brisa que acaricia mi cabello y las hojas...
Serpientes enrédenme y báñenme en escamas
quiero reptar, en subsuelos extraños.
¡Despegar de esta absurda realidad!
Asfalto sofocador,
que estrangula con lianas el resplandor y luz,
desdoblándome como una triste figura de cartón.
Tráquea interrumpida con un caucho de dolor
te mezclas en mí liquido visceral,
sin alma y sin corazón
destilando por los poros de mis nudillos roídos;
saturación incontrolable
en tiempo y en espacio,
pestañas desdobladas bañadas en rímel
teñidas de musgo y sobriedad.
Déjame engalanarte en licor de sangre y limón,
déjame envolverte en un lienzo de un solo color;
déjate...
Sumergirte en mi médula ósea,
en la porosidad de mis huesos,
fíltrarte en cada espacio intracelular.
Entre élitros y antenas,
entre picos y alas,
entre pieles y tentáculos
de los mares ilusorios tendidos ante nuestros ojos...
Mieles sanguinarias de colonias perversas,
abejas asesinas de inspiración y placebos;
pilosidades urticantes de tarántulas nocturnas
que se roban los orgasmos en sus patas sin dejar rastro.
Expresiones que fallecen...
Se enredan en telarañas de tristezas coloridas
pintadas en oleos de la vida.
Desdibújame, recórtame y desmiémbrame....
Solo insértame esencia en las neuronas
de dendritas atrofiadas,
de fibras volátiles y venenosas.
Déjame en medio de una eterna sinfonía
de gritos y espasmos, de silbidos, murmullos y cánticos gregorianos;
deja que retumben en mis oídos
las oscuras melodías de una noche de deliciosa soledad,
entre cantos de insectos y aves nocturnas
entre la brisa que acaricia mi cabello y las hojas...
Serpientes enrédenme y báñenme en escamas
quiero reptar, en subsuelos extraños.
¡Despegar de esta absurda realidad!
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