Octaviano Mundo
Poeta recién llegado
Cuando regreso, ante el cobrizo Sol,
tú estás en el antaño.
Y una tierna mirada me comprende.
Y mi oído, escucha al engranaje
del corazón; la maquinaria
de la tierra,
hacia el camino de tus labios.
Y el morado de violetas;
el trino; los versos alegres
del viento de vivir,
en cada voz o mudez, suenan.
Y no recuerdo la palabra,
entre dos signos vitales
que se agitan;
que un tomo enamorado
no requiere.
Ni un capítulo futuro. Y el presente
urge,
la flamante ave apagada,
que la herrumbre alce.
Sé qué es perder el amor:
es despojarse, del derecho
a ser relevante.
Caminar por círculos subterráneos,
repletos de soledad.
Y en una grieta; enterrados,
guardar; como en un cofre,
los áureos latigazos
de un moribundo día de esplendor.
Una memoria cómplice.
Y en la noche, espero aún
que se dibuje una senda.
Que la celeste plata,
con su dedo,
disipe el abismo que te recorra.
Si el amor, es un versículo
de Dios;
si en cada átomo, hay un albergue
a la deshauciada alma.
Algún albor; algún instante;
alguna vez, refractará tus ojos...
Si las bandadas del cielo,
no escapan
de nuevo, con la esperanza
al horizonte.
tú estás en el antaño.
Y una tierna mirada me comprende.
Y mi oído, escucha al engranaje
del corazón; la maquinaria
de la tierra,
hacia el camino de tus labios.
Y el morado de violetas;
el trino; los versos alegres
del viento de vivir,
en cada voz o mudez, suenan.
Y no recuerdo la palabra,
entre dos signos vitales
que se agitan;
que un tomo enamorado
no requiere.
Ni un capítulo futuro. Y el presente
urge,
la flamante ave apagada,
que la herrumbre alce.
Sé qué es perder el amor:
es despojarse, del derecho
a ser relevante.
Caminar por círculos subterráneos,
repletos de soledad.
Y en una grieta; enterrados,
guardar; como en un cofre,
los áureos latigazos
de un moribundo día de esplendor.
Una memoria cómplice.
Y en la noche, espero aún
que se dibuje una senda.
Que la celeste plata,
con su dedo,
disipe el abismo que te recorra.
Si el amor, es un versículo
de Dios;
si en cada átomo, hay un albergue
a la deshauciada alma.
Algún albor; algún instante;
alguna vez, refractará tus ojos...
Si las bandadas del cielo,
no escapan
de nuevo, con la esperanza
al horizonte.
Última edición: