Deja que el sol de otoño
te ofrezca su flor más fragante,
se encumbre en tus cielos galopantes,
se adentre en tu templo de misterio
y derrame sobre ti colmada savia ardiente;
deja que te inunde con su esencia,
que arraigue su mágica simiente
en el claustro de tus ansias amorosas
y que abra en florecida primavera
la fruta delicada de tu vientre.
Deja que suba hasta tu rostro
el calor de impetuosa acometida,
en cosecha de arreboles fulgurantes
de pasión arrebatada en tus mejillas;
deja que, en el logro de tu culmen y tu gozo,
secunden a la fuerza de tu empuje
la garra de tu instinto y el anhelo de tu vida;
y estarás a la espera complaciente
de que llegue en primavera florecida
la fruta delicada de tu vientre.
Deja que su guía embravecida
conozca infatigable tu camino
y fecunde, en avidez y frenesí,
tus tiempos y tu alma, tu destino;
deja que sea para ti
herramienta y objetivo.
Sé flor que abraza, absorbe propio estambre;
ya el sol en cielo creciente,
radiante y florida primavera, se abre
la fruta delicada de tu vientre.
te ofrezca su flor más fragante,
se encumbre en tus cielos galopantes,
se adentre en tu templo de misterio
y derrame sobre ti colmada savia ardiente;
deja que te inunde con su esencia,
que arraigue su mágica simiente
en el claustro de tus ansias amorosas
y que abra en florecida primavera
la fruta delicada de tu vientre.
Deja que suba hasta tu rostro
el calor de impetuosa acometida,
en cosecha de arreboles fulgurantes
de pasión arrebatada en tus mejillas;
deja que, en el logro de tu culmen y tu gozo,
secunden a la fuerza de tu empuje
la garra de tu instinto y el anhelo de tu vida;
y estarás a la espera complaciente
de que llegue en primavera florecida
la fruta delicada de tu vientre.
Deja que su guía embravecida
conozca infatigable tu camino
y fecunde, en avidez y frenesí,
tus tiempos y tu alma, tu destino;
deja que sea para ti
herramienta y objetivo.
Sé flor que abraza, absorbe propio estambre;
ya el sol en cielo creciente,
radiante y florida primavera, se abre
la fruta delicada de tu vientre.