Dvaldés
Poeta que considera el portal su segunda casa
Brilla el añil del día
adornan azucenas el camino
y en tu mirada fría
Venus vierte su sino
haciendo al ruiseñor cantar su trino.
El corazón desnuda
el rubor del semblante enamorado,
la pasión reanuda
y tu piel el candado
abre y vuela el deseo liberado.
El rostro de la sombra
abandona la senda del invierno,
la mañana te nombra
con su canto fraterno
y a tu pecho ilumina un sol eterno.
Dvaldés.
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