_SEBASTIEN_
Poeta fiel al portal
Las voces surgen del helado suelo,
en este espacio, que es del olvido el filo,
aquí no es posible ni el suspiro,
solo los labios trémulos y mudos,
si, aquí yacen las penas y se pudren los deseos,
la fatiga es palpable como lo es el miedo.
Y Ella rezándole a nadie por respirar,
por huir de este enorme desierto de figuras disecadas,
de estas cuatro paredes en donde cabezas
surgen de entre las sombras proyectadas,
murmurando lamentos y canciones intangibles,
en donde la besa la niebla y la acaricia la escarcha,
las delicias le sobran y se cohíben sus instintos.
Que murmuras mujer cuando los cielos se nublan
y los árboles se derrumban como troncos sin raíz...
Tú una flor de invierno luchando por sobreponerse al calor...
Tan bella, tan blanca, con sus labios carmesí
ahora grises y cubiertos por níveas ilusiones,
y los surcos de sus ojos fuentes resecas,
su espíritu salvaje y libre alguna vez violado por el tiempo.
...una diosa mártir...
De que silencios esta tu lenguaje pleno,
quien pudiera llevarte arriba a un mar aéreo,
en donde se detendría a mostrarte el brillo de un cristal herido por el fuego,
el rojo de la sangre y el perfume de la noche
detenerse por ejemplo a mirar un mar de hielo...
simples cruces blancas o el vaho de tu aliento.
Quién será, oh bella el que anule de una vez,
con mano blanca y cruel tu vida desflorada,
cual rosa carcomida que yace en un jardín de lindos lirios,
y una luz criminal traspasando tus cabellos y tus dientes...
ya no de marfil ...no bellos...ennegrecidos.
Nada mas que una mariposa ultrajada
ahora reducida al escarnio,
como cuando se ajusticia al justo
matándolo en la selva.
Tu mujer al igual que el tigre o el pigmeo
vuelve al polvo, y deja que el ósculo del planeta
trague lo que tu bello ser tiene de infinito.
Sebastian N.
en este espacio, que es del olvido el filo,
aquí no es posible ni el suspiro,
solo los labios trémulos y mudos,
si, aquí yacen las penas y se pudren los deseos,
la fatiga es palpable como lo es el miedo.
Y Ella rezándole a nadie por respirar,
por huir de este enorme desierto de figuras disecadas,
de estas cuatro paredes en donde cabezas
surgen de entre las sombras proyectadas,
murmurando lamentos y canciones intangibles,
en donde la besa la niebla y la acaricia la escarcha,
las delicias le sobran y se cohíben sus instintos.
Que murmuras mujer cuando los cielos se nublan
y los árboles se derrumban como troncos sin raíz...
Tú una flor de invierno luchando por sobreponerse al calor...
Tan bella, tan blanca, con sus labios carmesí
ahora grises y cubiertos por níveas ilusiones,
y los surcos de sus ojos fuentes resecas,
su espíritu salvaje y libre alguna vez violado por el tiempo.
...una diosa mártir...
De que silencios esta tu lenguaje pleno,
quien pudiera llevarte arriba a un mar aéreo,
en donde se detendría a mostrarte el brillo de un cristal herido por el fuego,
el rojo de la sangre y el perfume de la noche
detenerse por ejemplo a mirar un mar de hielo...
simples cruces blancas o el vaho de tu aliento.
Quién será, oh bella el que anule de una vez,
con mano blanca y cruel tu vida desflorada,
cual rosa carcomida que yace en un jardín de lindos lirios,
y una luz criminal traspasando tus cabellos y tus dientes...
ya no de marfil ...no bellos...ennegrecidos.
Nada mas que una mariposa ultrajada
ahora reducida al escarnio,
como cuando se ajusticia al justo
matándolo en la selva.
Tu mujer al igual que el tigre o el pigmeo
vuelve al polvo, y deja que el ósculo del planeta
trague lo que tu bello ser tiene de infinito.
Sebastian N.
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