Itamar
Poeta asiduo al portal
La hojarasca vocifera
a la atmósfera un chirrido y al agudo surco,
medita soledad;
convertida en oxígeno la piel pende de un hilo
y respira al azar de las estrellas, la superstición de un martes.
La debilidad se ejercita en viejos recortes,
se huele a lo lejos como a recuerdos de otoño,
a bienvenida del hielo que derrite el pensar
en la llamada a la distancia de un beso fronterizo...
Ella se envenena a sí misma, simple causa del rasgamiento
de una piel impropia,de mutiladas imágenes entre bordes y alfileres,
es un corazón al rojo vivo el cuadro vanguardista
que entre pinceladas maniáticas dilata las ausencias.
Es la hora de la despedida de ella misma, de la caída
de las sobras de un vacio que ya sabe a desayuno,
de la compañía invisible de una luz áspera que se siente ya no estar,
como ella se siente al despertar, nunca está sola soledad.
a la atmósfera un chirrido y al agudo surco,
medita soledad;
convertida en oxígeno la piel pende de un hilo
y respira al azar de las estrellas, la superstición de un martes.
La debilidad se ejercita en viejos recortes,
se huele a lo lejos como a recuerdos de otoño,
a bienvenida del hielo que derrite el pensar
en la llamada a la distancia de un beso fronterizo...
Ella se envenena a sí misma, simple causa del rasgamiento
de una piel impropia,de mutiladas imágenes entre bordes y alfileres,
es un corazón al rojo vivo el cuadro vanguardista
que entre pinceladas maniáticas dilata las ausencias.
Es la hora de la despedida de ella misma, de la caída
de las sobras de un vacio que ya sabe a desayuno,
de la compañía invisible de una luz áspera que se siente ya no estar,
como ella se siente al despertar, nunca está sola soledad.
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