Arnet Fatheb Grothen
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Imagen de Internet
Y entre el fragor y el estruendo
cubrí mis oídos de los gritos
en un gesto de desesperación.
En mi mundo interior surgió
una figura esplendorosa
adueñándose de mi ensoñación.
Escuché el silencio interno
no obstante el ruido alrededor,
la violencia y la enajenación.
Figura enigmática que me habló,
me calmó llenándome de alegría,
me completó y me hizo vibrar.
Tan refulgente como el sol,
su cara no atiné a distinguir
y por eso le pregunté su nombre.
Calma, tranquilidad era su nombre.
Lenta y dulcemente me atrajo hacia sí
tomando mi rostro entre sus manos.
Cerré los ojos enrojecidos y llorosos
en un afán de percibir con más claridad
la dulzura del momento.
Un beso colocó en mis labios
haciendo latir mi corazón,
y me devolvió la vida perdida.
Beso dulce, beso amoroso y vital;
beso trémulo, beso que reconocí.
Le pregunté otra vez su nombre…
Entre la luz cegadora me miré
en unos ojos ya conocidos:
su nombre era el tuyo.
¡Asombrada, descubrí que eras tú!
Evocadoras letras y halagadoras a ese amor que llena de paz y sosiego el corazón.