Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Pidió un pensamiento de amor
y quien la escuchó, pensó “merece lujuria”,
pidió un príncipe azul
y le mandaron un dios de fuego y de furia.
Le temblaron las manos cuando él la abrazó
y se dijo “ay mi Dios, no me quites este hombre
que hace rato que vengo en ayunas”.
Le exploraron la lengua a besos
y no renegó, se entregó,
fueron una sola cosa, la pasión,
el amor y la diosa fortuna.
La abrazaron y pidió que no la soltaran nunca
le estrellaron la boca a besos
y se pensó “de esta forma no se aguanta el orgasmo una”.
Se soltó la cola y jugó con su pelo
la alzaron dos brazos duros… fuertes como rocas,
y se juró volverse loca
si así eran los brazos… cómo sería el desvelo.
Para cuando comenzó a caer la ropa
no sabía si gritar o morderse la lengua,
nunca vio cosa tal como el mástil
que erizaba su cuerpo.
Y entró en batalla aquél soldado
y ella pensó “de aquí no escapo
mátame por Dios, que me lo merezco”.
“Cañones abran el fuego,
que entren todos los soldados de este regimiento,
que no ponga resistencia yo,
si para esto he nacido mujer, acepto el reto”.
Y jineteó junto a aquél soldado
y anduvo mundos nuevos,
y al cielo de rodillas le agradeció
que le mandara un premio tan bueno.
y quien la escuchó, pensó “merece lujuria”,
pidió un príncipe azul
y le mandaron un dios de fuego y de furia.
Le temblaron las manos cuando él la abrazó
y se dijo “ay mi Dios, no me quites este hombre
que hace rato que vengo en ayunas”.
Le exploraron la lengua a besos
y no renegó, se entregó,
fueron una sola cosa, la pasión,
el amor y la diosa fortuna.
La abrazaron y pidió que no la soltaran nunca
le estrellaron la boca a besos
y se pensó “de esta forma no se aguanta el orgasmo una”.
Se soltó la cola y jugó con su pelo
la alzaron dos brazos duros… fuertes como rocas,
y se juró volverse loca
si así eran los brazos… cómo sería el desvelo.
Para cuando comenzó a caer la ropa
no sabía si gritar o morderse la lengua,
nunca vio cosa tal como el mástil
que erizaba su cuerpo.
Y entró en batalla aquél soldado
y ella pensó “de aquí no escapo
mátame por Dios, que me lo merezco”.
“Cañones abran el fuego,
que entren todos los soldados de este regimiento,
que no ponga resistencia yo,
si para esto he nacido mujer, acepto el reto”.
Y jineteó junto a aquél soldado
y anduvo mundos nuevos,
y al cielo de rodillas le agradeció
que le mandara un premio tan bueno.