camicho
Poeta asiduo al portal
Con oraciones insípidas con gusto soso,
frases desabridas que empapadas de apatía
naufragan en las retinas exactas.
Entendiendo lejos los días en armonía.
Alimentando con los horrores
de una conciencia inconsciente
las noches frías.
Empeñar el cuerpo por retazos de afectos.
Habitante del silencio,
de la reflexión en el oasis
de una cálida sensación.
En aquel limbo es escoger una butaca
y egoístamente no prestarla ni a si mismo.
Al término de la lectura,
espontánea sordera deja huérfanas las palabras.
Al contacto con la piel las hacen pétreas,
quedan varadas erosionándose sincrónicamente.
Bonanza de desechos,
una montaña de intenciones
apilada cotidianamente.
Sustrato que ha remplazado el oxígeno.
La fricción en búsqueda de respuestas
ha agotado los argumentos
y las llamas que ardían
no dejaron ni rastro
de los leños que las encendían.
Las cenizas son recuerdos nubosos del ayer
donde habitar es el día a día
y el paso del tiempo es evadido.
Es así que el futuro intrigado se encuentra.
La luz no llega al calabozo,
las cadenas oxidan sin prisa.
Sin intento de marcha,
la huella evidencia rastros de piel calcinada.
Tangible es la palabra que define la línea recta.
Cuestionar que hacer en un desierto,
con sentidos saturados de nada.
Es el vacío comiéndose al vacío.
El hambre comiéndose las entrañas.
El fin del camino sin retorno evidente
con barrancos al frente.
Nutrirse de emociones
con insanas reflexiones.
Irrefrenable cefalea
con uñas clavadas en las sienes.
Compulsivas tentaciones,
rechinando los dientes,
fracturándolos por la ira propia
de quien se hace roca
evita ser desplazado frente al oleaje corajudo
que intenta rechazarla.
En un mundo de soledad esquizofrénica,
los latidos son el sonido más armónico
y hace silentes las voces delirantes.
frases desabridas que empapadas de apatía
naufragan en las retinas exactas.
Entendiendo lejos los días en armonía.
Alimentando con los horrores
de una conciencia inconsciente
las noches frías.
Empeñar el cuerpo por retazos de afectos.
Habitante del silencio,
de la reflexión en el oasis
de una cálida sensación.
En aquel limbo es escoger una butaca
y egoístamente no prestarla ni a si mismo.
Al término de la lectura,
espontánea sordera deja huérfanas las palabras.
Al contacto con la piel las hacen pétreas,
quedan varadas erosionándose sincrónicamente.
Bonanza de desechos,
una montaña de intenciones
apilada cotidianamente.
Sustrato que ha remplazado el oxígeno.
La fricción en búsqueda de respuestas
ha agotado los argumentos
y las llamas que ardían
no dejaron ni rastro
de los leños que las encendían.
Las cenizas son recuerdos nubosos del ayer
donde habitar es el día a día
y el paso del tiempo es evadido.
Es así que el futuro intrigado se encuentra.
La luz no llega al calabozo,
las cadenas oxidan sin prisa.
Sin intento de marcha,
la huella evidencia rastros de piel calcinada.
Tangible es la palabra que define la línea recta.
Cuestionar que hacer en un desierto,
con sentidos saturados de nada.
Es el vacío comiéndose al vacío.
El hambre comiéndose las entrañas.
El fin del camino sin retorno evidente
con barrancos al frente.
Nutrirse de emociones
con insanas reflexiones.
Irrefrenable cefalea
con uñas clavadas en las sienes.
Compulsivas tentaciones,
rechinando los dientes,
fracturándolos por la ira propia
de quien se hace roca
evita ser desplazado frente al oleaje corajudo
que intenta rechazarla.
En un mundo de soledad esquizofrénica,
los latidos son el sonido más armónico
y hace silentes las voces delirantes.
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