Eduardo Rodríguez Ponce
Poeta recién llegado
Interesante es la vida; una ilación de acontecimientos agradables, desagradables y sin importancia. Cuanto más vivo, más carente de sentido me encuentro. La vida, con el pasar de los días, se hace más cruda, más fría; sin embargo, lucho con esos grandes fantasmas con máscaras de tragedia y comedia, a veces los derroto, pero la mayoría sigue dentro, corroyendo cual ambiente salino, como la esperanza del creyente.
Cuán hermosa y desgraciada es la vida, un vaivén de sucesos, de hechos sin relevancia. La historia siempre se repite, la sociedad ya está constituida; la envidia, la lujuria, el destierro, la guerra, la paz. Es cierto, qué más da, todos tenemos el mismo fin: la muerte.
Sí, todo ya está listo pero no hay que ejercer lo común. Estoy cansado de la gente vacía, sin escrúpulos, sin misterios, sin interés, sin amor, sin odio, ¡Sin huevos! Carajo, no seas como la nube blanca, que sólo sirve para tapar el sol y las estrellas, que sólo le sirve de tapete al cielo. Sé como la nube negra, abismal, enigmática, que contiene un mar de lluvia, que tiene todo para ejercer, para expresar; que contiene rayos, valor, voluntad de poder.
A veces te puedes sentir como en una habitación amarillenta, sin estímulos que te mantengan activo, donde estás sólo con tu soledad. Pero no tengas miedo, no te sientas perdido. Toma a la soledad de la mano, invítale un café, escúchala y háblale de ti, de tus miedos, de tus logros, de tus frustraciones, de tus motivaciones, llévala a caminar a la montaña, muéstrale los árboles, el río, el mar, muéstrale todo. Muéstrate a ella tal y como eres y verás como te amará, y tú a ella. Te percatarás que es la compañera más fiel, y cuando lo hagas, podrás ser como una nube negra, llena de todo.
Lo admito, he tenido amoríos, pero mi primer amor ha sido la soledad, hemos ido más allá del matrimonio, y no pienso separarme de ella, es lo que mantiene dinámica a mi alma. Es como el whisky a la rocas que todo hombre adora, como el cigarro que no deseas que se consuma nunca. Y gracias a ella, me siento listo de buscar otro amor, aquel amor efímero, estacionario. Un amor carnal y propio del alma, un amor antagónico que haga agitar mi cabeza, que la destruya y reconstruya, que me mate y me reviva.
Le debo todo a la soledad, es la génesis de lo que soy ahora, y de todo hombre sublime, la razón de vivir. Cuando aprendas a regocijarte en soledad, entonces, serás capaz de amar.
Cuán hermosa y desgraciada es la vida, un vaivén de sucesos, de hechos sin relevancia. La historia siempre se repite, la sociedad ya está constituida; la envidia, la lujuria, el destierro, la guerra, la paz. Es cierto, qué más da, todos tenemos el mismo fin: la muerte.
Sí, todo ya está listo pero no hay que ejercer lo común. Estoy cansado de la gente vacía, sin escrúpulos, sin misterios, sin interés, sin amor, sin odio, ¡Sin huevos! Carajo, no seas como la nube blanca, que sólo sirve para tapar el sol y las estrellas, que sólo le sirve de tapete al cielo. Sé como la nube negra, abismal, enigmática, que contiene un mar de lluvia, que tiene todo para ejercer, para expresar; que contiene rayos, valor, voluntad de poder.
A veces te puedes sentir como en una habitación amarillenta, sin estímulos que te mantengan activo, donde estás sólo con tu soledad. Pero no tengas miedo, no te sientas perdido. Toma a la soledad de la mano, invítale un café, escúchala y háblale de ti, de tus miedos, de tus logros, de tus frustraciones, de tus motivaciones, llévala a caminar a la montaña, muéstrale los árboles, el río, el mar, muéstrale todo. Muéstrate a ella tal y como eres y verás como te amará, y tú a ella. Te percatarás que es la compañera más fiel, y cuando lo hagas, podrás ser como una nube negra, llena de todo.
Lo admito, he tenido amoríos, pero mi primer amor ha sido la soledad, hemos ido más allá del matrimonio, y no pienso separarme de ella, es lo que mantiene dinámica a mi alma. Es como el whisky a la rocas que todo hombre adora, como el cigarro que no deseas que se consuma nunca. Y gracias a ella, me siento listo de buscar otro amor, aquel amor efímero, estacionario. Un amor carnal y propio del alma, un amor antagónico que haga agitar mi cabeza, que la destruya y reconstruya, que me mate y me reviva.
Le debo todo a la soledad, es la génesis de lo que soy ahora, y de todo hombre sublime, la razón de vivir. Cuando aprendas a regocijarte en soledad, entonces, serás capaz de amar.
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