Horas de la madrugada,
sentí frío te busqué y no estabas
y me metí a las cobijas,
por que un detestable cobertor,
me quiere dar su calor,
por que condición estúpida,
ahora eres pasado.
Sentí deseos y busqué tus caricias,
pero era grande tu ausencia,
e imaginé que mis manos,
eran tus manos
y acaricié mi cuerpo,
por que mis miserables manos me consuelan,
por cual decisión insensata,
ahora estarás muy lejos.
Quise llorar y busqué tu abrazo
y mis brazos abrazaron el aire
y la soledad era inmensa
y abracé una almohada,
por que una almohada de trapo y callada,
está pegada a mi cuerpo la desgraciada.
Así lloré y lloré hasta quedar dormido
y te encontré en mis sueños,
pero desperté y quedé asombrado
todo era silencio y mis lágrimas rodaron.
¡Bendito Dios!
¿Que ya nunca estarás a mi lado?
Ramón Maldonado Velarde