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Soledad piedra sedienta

Pessoa

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SOLEDAD PIEDRA SEDIENTA


La soledad como una piedra sedienta

la soledad que olfatea a aquel que duerme

junto a un piano esclerótico.


La inmensa soledad de la fría madrugada

Apenas caricia o beso lejano

el cuerpo se hace de agua y enlentece su agonía

Cuerpo yacente sobre una noche de lluvia

abandonado hasta por los perros

que cantan su canción de odios.



¿Quien entiende la inmensa interrogación de las praderas?

¿Quien la fraccionada respuesta de los arcoiris?

Árboles que crecen hacia el abismo

raíces descarnadas sobre la roca que es viento

y el llanto de un recién nacido como presagio de algo.

Junto al mar la ciudad se despereza

mientras el último saxofón se hace olvido.


Pienso que ya no se hacen calles de piedra

y era tan hermoso escuchar cómo se hacían puro eco

en las noches de luna llena transitadas por poetas solitarios

Las viejas calles música sincopada de las pisadas furtivas

única canción del que huye tras apuñalar al que ama.


Calles cómplices

corifeos involuntarios de ruindades

pero eran calles antiguas.

Las que se hicieron desde el ojo de pez de las novelas

para traer hasta la casa del señor marqués

a la desvalida prostituta que conocía el secreto.

Calles recoletas de insidia y confesionario

Calles pavimentadas con las piedras hirvientes del infierno

Calles de ciudad muerta

calles, calles, calles...


¿Quien puede recordar la forma de su sombra

en la canícula de agosto de hace diez años?

Y sin embargo allí estaba

Como un perro faldero adherida a su señor

Sombra que sólo cesaba cuando empezaba el canto del ruiseñor.


En las calles empedradas de esta historia

la calle en sombra ardía horizontalmente

y se fraccionaba en rectangulos regulares

como en una rosa deshojada

o un suspiro de doncella enamorada.


Sentía yo un grande amor por aquella sombra

y me entristecían los días de niebla y sin sol.

Sentía el mismo amor por mi sombra compartida con la tuya

porque vivía el mismo amor por tí, húmeda golondrina.

Fueron días inolvidables en los que fuimos la misma ausencia de luz

y el reflejo del paraguas nos hacía eco y burla siniestra.


Yo te quise, sombra ingrata.

Yo te quise pero tú me abandonaste

cuando el sol se apagó como un árbol yerto

y ya no fuimos más sombra y contorno.


Tenemos que recuperar las mariposas

con su sombra fugitiva

antes que sus alas de quemen

en el incendio del ocaso.




callesoledad.jpg
 
AMADO, poeta Miguel, no ya no se hacen calles de piedras y sí hermosas eran. La verdad como están cambiando las cosas, nada es igual, la música pareciera no existir y como que los instrumentos todos quedaran mudos, que pena. Todo el poema es una joya que se disfruta leer más de una vez, pero así son sus versos EXCELENTES, llenos de imagenes donde se puede llenar la vista de gusto.

En la distancia un abrazo con lluvia por la tarde,
 
Hola, Guadalupe. Como siempre tus comentarios me llegan cargados de emoción compartida. Nací y me crié en una vieja ciudad, la mayoría de sus calles estaban empedradas; y aquel recuerdo de infancia nunca se borrará de mi espíritu. Los nuevos tiempos han arrumbado tantas cosas hermosas que acabaremos siendo máquinas sin capacidad de emoción. Aunque por ahora estos pequeños desahogos nos mantienen vivos en la esperanza. Un abrazo, querida amiga,
miguel
 
SOLEDAD PIEDRA SEDIENTA


La soledad como una piedra sedienta

la soledad que olfatea a aquel que duerme

junto a un piano esclerótico.


La inmensa soledad de la fría madrugada

Apenas caricia o beso lejano

el cuerpo se hace de agua y enlentece su agonía

Cuerpo yacente sobre una noche de lluvia

abandonado hasta por los perros

que cantan su canción de odios.



¿Quien entiende la inmensa interrogación de las praderas?

¿Quien la fraccionada respuesta de los arcoiris?

Árboles que crecen hacia el abismo

raíces descarnadas sobre la roca que es viento

y el llanto de un recién nacido como presagio de algo.

Junto al mar la ciudad se despereza

mientras el último saxofón se hace olvido.


Pienso que ya no se hacen calles de piedra

y era tan hermoso escuchar cómo se hacían puro eco

en las noches de luna llena transitadas por poetas solitarios

Las viejas calles música sincopada de las pisadas furtivas

única canción del que huye tras apuñalar al que ama.


Calles cómplices

corifeos involuntarios de ruindades

pero eran calles antiguas.

Las que se hicieron desde el ojo de pez de las novelas

para traer hasta la casa del señor marqués

a la desvalida prostituta que conocía el secreto.

Calles recoletas de insidia y confesionario

Calles pavimentadas con las piedras hirvientes del infierno

Calles de ciudad muerta

calles, calles, calles...


¿Quien puede recordar la forma de su sombra

en la canícula de agosto de hace diez años?

Y sin embargo allí estaba

Como un perro faldero adherida a su señor

Sombra que sólo cesaba cuando empezaba el canto del ruiseñor.


En las calles empedradas de esta historia

la calle en sombra ardía horizontalmente

y se fraccionaba en rectangulos regulares

como en una rosa deshojada

o un suspiro de doncella enamorada.


Sentía yo un grande amor por aquella sombra

y me entristecían los días de niebla y sin sol.

Sentía el mismo amor por mi sombra compartida con la tuya

porque vivía el mismo amor por tí, húmeda golondrina.

Fueron días inolvidables en los que fuimos la misma ausencia de luz

y el reflejo del paraguas nos hacía eco y burla siniestra.


Yo te quise, sombra ingrata.

Yo te quise pero tú me abandonaste

cuando el sol se apagó como un árbol yerto

y ya no fuimos más sombra y contorno.


Tenemos que recuperar las mariposas

con su sombra fugitiva

antes que sus alas de quemen

en el incendio del ocaso.




callesoledad.jpg

Sublime y esplendido tu poema, querido amigo Miguel, una verdadera joya... muchos sentimientos irradian esas madrugadas y calles, una delicia de lectura, enhorabuena. Un abrazo, feliz fin de semana.
 
Las cosas cambian, pero lo malo es que nosotros también cambiamos
y con ello la percepción que tenemos de ellas, a veces es algo más que
sólo una mirada, este poema tuyo está lleno de esas íntimas interrogantes
que nacen de la soledad, de las evocaciones a las que nos lleva el momento.
Gratísimo el momento mi querido Miguel, ciertamente mágico. Besitos
apretados en tus mejillas.
 
SOLEDAD PIEDRA SEDIENTA


La soledad como una piedra sedienta

la soledad que olfatea a aquel que duerme

junto a un piano esclerótico.


La inmensa soledad de la fría madrugada

Apenas caricia o beso lejano

el cuerpo se hace de agua y enlentece su agonía

Cuerpo yacente sobre una noche de lluvia

abandonado hasta por los perros

que cantan su canción de odios.



¿Quien entiende la inmensa interrogación de las praderas?

¿Quien la fraccionada respuesta de los arcoiris?

Árboles que crecen hacia el abismo

raíces descarnadas sobre la roca que es viento

y el llanto de un recién nacido como presagio de algo.

Junto al mar la ciudad se despereza

mientras el último saxofón se hace olvido.


Pienso que ya no se hacen calles de piedra

y era tan hermoso escuchar cómo se hacían puro eco

en las noches de luna llena transitadas por poetas solitarios

Las viejas calles música sincopada de las pisadas furtivas

única canción del que huye tras apuñalar al que ama.


Calles cómplices

corifeos involuntarios de ruindades

pero eran calles antiguas.

Las que se hicieron desde el ojo de pez de las novelas

para traer hasta la casa del señor marqués

a la desvalida prostituta que conocía el secreto.

Calles recoletas de insidia y confesionario

Calles pavimentadas con las piedras hirvientes del infierno

Calles de ciudad muerta

calles, calles, calles...


¿Quien puede recordar la forma de su sombra

en la canícula de agosto de hace diez años?

Y sin embargo allí estaba

Como un perro faldero adherida a su señor

Sombra que sólo cesaba cuando empezaba el canto del ruiseñor.


En las calles empedradas de esta historia

la calle en sombra ardía horizontalmente

y se fraccionaba en rectangulos regulares

como en una rosa deshojada

o un suspiro de doncella enamorada.


Sentía yo un grande amor por aquella sombra

y me entristecían los días de niebla y sin sol.

Sentía el mismo amor por mi sombra compartida con la tuya

porque vivía el mismo amor por tí, húmeda golondrina.

Fueron días inolvidables en los que fuimos la misma ausencia de luz

y el reflejo del paraguas nos hacía eco y burla siniestra.


Yo te quise, sombra ingrata.

Yo te quise pero tú me abandonaste

cuando el sol se apagó como un árbol yerto

y ya no fuimos más sombra y contorno.


Tenemos que recuperar las mariposas

con su sombra fugitiva

antes que sus alas de quemen

en el incendio del ocaso.




callesoledad.jpg

Te admiro señor poeta porque siempre logras atrapar y generar una imagen a, través de otra, y en ese torno de imágenes se adecua tu texto de forma perfecta. Un agrado leerte, saludos desde Colombia.
 
SOLEDAD PIEDRA SEDIENTA


La soledad como una piedra sedienta

la soledad que olfatea a aquel que duerme

junto a un piano esclerótico.


La inmensa soledad de la fría madrugada

Apenas caricia o beso lejano

el cuerpo se hace de agua y enlentece su agonía

Cuerpo yacente sobre una noche de lluvia

abandonado hasta por los perros

que cantan su canción de odios.



¿Quien entiende la inmensa interrogación de las praderas?

¿Quien la fraccionada respuesta de los arcoiris?

Árboles que crecen hacia el abismo

raíces descarnadas sobre la roca que es viento

y el llanto de un recién nacido como presagio de algo.

Junto al mar la ciudad se despereza

mientras el último saxofón se hace olvido.


Pienso que ya no se hacen calles de piedra

y era tan hermoso escuchar cómo se hacían puro eco

en las noches de luna llena transitadas por poetas solitarios

Las viejas calles música sincopada de las pisadas furtivas

única canción del que huye tras apuñalar al que ama.


Calles cómplices

corifeos involuntarios de ruindades

pero eran calles antiguas.

Las que se hicieron desde el ojo de pez de las novelas

para traer hasta la casa del señor marqués

a la desvalida prostituta que conocía el secreto.

Calles recoletas de insidia y confesionario

Calles pavimentadas con las piedras hirvientes del infierno

Calles de ciudad muerta

calles, calles, calles...


¿Quien puede recordar la forma de su sombra

en la canícula de agosto de hace diez años?

Y sin embargo allí estaba

Como un perro faldero adherida a su señor

Sombra que sólo cesaba cuando empezaba el canto del ruiseñor.


En las calles empedradas de esta historia

la calle en sombra ardía horizontalmente

y se fraccionaba en rectangulos regulares

como en una rosa deshojada

o un suspiro de doncella enamorada.


Sentía yo un grande amor por aquella sombra

y me entristecían los días de niebla y sin sol.

Sentía el mismo amor por mi sombra compartida con la tuya

porque vivía el mismo amor por tí, húmeda golondrina.

Fueron días inolvidables en los que fuimos la misma ausencia de luz

y el reflejo del paraguas nos hacía eco y burla siniestra.


Yo te quise, sombra ingrata.

Yo te quise pero tú me abandonaste

cuando el sol se apagó como un árbol yerto

y ya no fuimos más sombra y contorno.


Tenemos que recuperar las mariposas

con su sombra fugitiva

antes que sus alas de quemen

en el incendio del ocaso.




callesoledad.jpg
Como un piso de esencias en ese carrusel de supiros para teñir la
imanente espectacularidad del concierto solido de las sombras.
el poema es un lujo de disueltos abrazos para mezclar autoinmolacion
en las formas. saludos amables de luzyabsenta
 
SOLEDAD PIEDRA SEDIENTA


La soledad como una piedra sedienta

la soledad que olfatea a aquel que duerme

junto a un piano esclerótico.


La inmensa soledad de la fría madrugada

Apenas caricia o beso lejano

el cuerpo se hace de agua y enlentece su agonía

Cuerpo yacente sobre una noche de lluvia

abandonado hasta por los perros

que cantan su canción de odios.



¿Quien entiende la inmensa interrogación de las praderas?

¿Quien la fraccionada respuesta de los arcoiris?

Árboles que crecen hacia el abismo

raíces descarnadas sobre la roca que es viento

y el llanto de un recién nacido como presagio de algo.

Junto al mar la ciudad se despereza

mientras el último saxofón se hace olvido.


Pienso que ya no se hacen calles de piedra

y era tan hermoso escuchar cómo se hacían puro eco

en las noches de luna llena transitadas por poetas solitarios

Las viejas calles música sincopada de las pisadas furtivas

única canción del que huye tras apuñalar al que ama.


Calles cómplices

corifeos involuntarios de ruindades

pero eran calles antiguas.

Las que se hicieron desde el ojo de pez de las novelas

para traer hasta la casa del señor marqués

a la desvalida prostituta que conocía el secreto.

Calles recoletas de insidia y confesionario

Calles pavimentadas con las piedras hirvientes del infierno

Calles de ciudad muerta

calles, calles, calles...


¿Quien puede recordar la forma de su sombra

en la canícula de agosto de hace diez años?

Y sin embargo allí estaba

Como un perro faldero adherida a su señor

Sombra que sólo cesaba cuando empezaba el canto del ruiseñor.


En las calles empedradas de esta historia

la calle en sombra ardía horizontalmente

y se fraccionaba en rectangulos regulares

como en una rosa deshojada

o un suspiro de doncella enamorada.


Sentía yo un grande amor por aquella sombra

y me entristecían los días de niebla y sin sol.

Sentía el mismo amor por mi sombra compartida con la tuya

porque vivía el mismo amor por tí, húmeda golondrina.

Fueron días inolvidables en los que fuimos la misma ausencia de luz

y el reflejo del paraguas nos hacía eco y burla siniestra.


Yo te quise, sombra ingrata.

Yo te quise pero tú me abandonaste

cuando el sol se apagó como un árbol yerto

y ya no fuimos más sombra y contorno.


Tenemos que recuperar las mariposas

con su sombra fugitiva

antes que sus alas de quemen

en el incendio del ocaso.




callesoledad.jpg


Bello y trascendente poema, amigo Miguel, algunas frases y versos, son antológicos. Un abrazo!
 

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