Claudio Tapia
Poeta recién llegado
Aposentado yo, en un faro, en medio de un mar
y ausentes los hijos de mí, la cordura y la razón.
Transformado en un fóbico social,
atravesando mí vida estaba,
por un lumínico caleidoscopio de ilusiones brillantes.
Hacia el horizonte, mi mente ya casi yacía
contemplando nostalgias de otros tiempos.
Hoy solo necesito de una silla y un vaso con agua,
para poder conectarme.
Si quisieras saber, que he visto el cielo celeste,
el negro negro y el pasto lo he visto verde ¿lo creerías?...
Me miro en el espejo y descubro,
de que hay uno que mora detrás,
que evoca mi infancia
que me habla de insubordinación y blasfemia
fervorosamente recuerdo aun padre bueno
sereno amigo que ahuyenta los duendes nocturnos de mi oscuridad.
Mientras me sumerjo en el consuelo de un vientre amigo
nada escucho solo silencio siento
y el agua correr bajo el puente de mi inconciencia
solo eso basta para congeniar con mi pequeño proceso involutivo
Enajenado persisto, en este instante lógico,
de todas aquellas miradas derramadas vanamente,
sobre mi cuerpo un día atado
respiro la prudencia y la gracia contemplativa de un trinar de musas mudas,
sumergidas en el dulce encanto de una cópula.
y ausentes los hijos de mí, la cordura y la razón.
Transformado en un fóbico social,
atravesando mí vida estaba,
por un lumínico caleidoscopio de ilusiones brillantes.
Hacia el horizonte, mi mente ya casi yacía
contemplando nostalgias de otros tiempos.
Hoy solo necesito de una silla y un vaso con agua,
para poder conectarme.
Si quisieras saber, que he visto el cielo celeste,
el negro negro y el pasto lo he visto verde ¿lo creerías?...
Me miro en el espejo y descubro,
de que hay uno que mora detrás,
que evoca mi infancia
que me habla de insubordinación y blasfemia
fervorosamente recuerdo aun padre bueno
sereno amigo que ahuyenta los duendes nocturnos de mi oscuridad.
Mientras me sumerjo en el consuelo de un vientre amigo
nada escucho solo silencio siento
y el agua correr bajo el puente de mi inconciencia
solo eso basta para congeniar con mi pequeño proceso involutivo
Enajenado persisto, en este instante lógico,
de todas aquellas miradas derramadas vanamente,
sobre mi cuerpo un día atado
respiro la prudencia y la gracia contemplativa de un trinar de musas mudas,
sumergidas en el dulce encanto de una cópula.